Dirigida por Joel Rocha con la participación de Melina
Sabatini y un enorme despliegue de Lino López, la obra teatral fue puesta en
escena en la noche del sábado 13 de noviembre, con el acompañamiento de un
importante marco de público.
Sin embargo, cierto es también que no es pertenece a las
clásicas presentaciones que se realizan en la ciudad y que su particular estilo,
en que la comunicación no es oral sino a través de la danza moderna, el
simbolismo y la expresión corporal, resultó quizás hasta shockeantemente
innovador para el público local que se quedó absorto en la sucesión de cuadros
abstractos esperando quizás la palabra, que no llego ni siquiera al final.
Las características de la atípica puesta en escena conllevan
también a que la obra pueda adoptar una multiplicidad de interpretaciones
conservando su eje central, variando unas de las otras conforme a las vivencias
de quien la observe.
En su esencia, relata la historia de un situación trágica
-que para unos pudiera ser real y comienzo de la temática posteriormente
desarrollada, mientras que para otros puede ser parte de la misma irrealidad
que se retroalimenta durante toda la obra-, que da lugar a una sucesión de
hechos cada vez más dolorosos y difíciles de sortear.
A través de lo que se refleja como la adicción a la droga,
el personaje avanza y retrocede en una carrera perdida casi mucho antes de
comenzar. Como la realidad misma Lábaro refleja ese mundo oscuro habitado por
los propios demonios de los que a pesar de los esfuerzos no siempre es posible
escapar totalmente, por lo que queda así, expuesto, desnudo al mundo un dolor
que pareciera no poder ser escuchado ni comprendido por nadie más.
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