Pasadas las doce, recién llegada la Navidad, la ciudad se
mostraba con sus calles despojadas. Abiertas las puertas de los hogares, las
familias reunidas compartían con alegría la llegada de las fiestas.
Temprano, con la ciudad aún no invadida por las altas
temperaturas, era muy grato transitar sus calles. Increíblemente limpias, dando
un muy buen ejemplo cívico de aprendizaje de que los espacios comunes son de
todos.
Algunos jóvenes “trasnochados” compartiendo tranquilos las
primeras horas reunidos en la costanera, festejando el buen momento compartido.
Familias desperezándose en los campings, bastante poblados, en el caso del
General San Martín.
Mientras para algunos el momento perfecto era la silleta, el
mate, y la mirada perdida en la Costa del Uruguay, otros se despertaban con
muchísima más energía y se los veía ya aprontando el fuego para el “imperdible”
asado del mediodía.
Con su costanera renovada, avanzados los trabajos en el
camping, la Casa de Turismo en plena recuperación tras su incendio; los nuevos
paradores ultimando sus detalles. El sol colándose entre el arbolado formaba
una postal perfecta. 
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