Convocada por el Instituto Monte Caseros de la Danza, la profesional de la Danza evaluó los exámenes
finales del alumnado de la casa de estudios dirigida por la Profesora Kuky Grebe.
Con una destacadísima carrera artística, Liliana Belfiore se
recibía en el año 1968 con título y mención honorífica en el Instituto Superior
de Arte del Teatro Colón. Primera figura del Teatro Colón, bailó en Francia
junto al notable bailarín ruso Rudolf Nureyev y en su extensa y destacada
carrera fue también Directora del Cuerpo de Ballet del Teatro Colón, como así
también de los Teatros de Córdoba y Tucumán.
“Soy una niña en el alma e intento que eso también sea algo
que puedan aprender quienes darán felicidad a los otros, ya que la danza es un
ejercicio del espíritu, algo que no compete solo al cuerpo. Me resulta muy
triste el manejo televisivo que hoy se hace de la danza: se observa el
movimiento, bellísimo; pero todo lo que la circunda no es lo correcto. La
humanidad danzó desde la prehistoria, es una de las actividades más antiguas de
las personas. Esa felicidad es la que intento dar a quien está cerca, a través
de un espectáculo, creando una obra de arte: para mí, la danza es alegría”,
reflexionó sobre su carrera y el rol actual de la danza en diálogo con Diario
del Bicentenario.
Formadora de varias compañías, tuvo entre sus bailarines a
Julio Bocca y Maxilimiano Guerra, entre otros bailarines a los cuales formó.
“Comencé mi carrera a los 19 años en el Colón y a los quince era profesional
del Teatro Argentino de La Plata,
tengo cerca de 30 coreografías estrenadas y mi trabajo siempre fue continúo.
Doy clases, tengo mi propio estudio de danzas en Buenos Aires, y mi actividad
está siempre centrada en tratar de transmitir y dedicar los conocimientos adquiridos
a lo largo de una vida”, agregó.
“En la danza, en Argentina, soy una persona con una
trayectoria muy importante que tiene que ver con los caminos transitados, por
la cantidad de años que hace que abrazo la danza, por haber sido primera figura
en el exterior durante larguísimos períodos. Todo me dió mucho conocimiento
consolidando una excelentísima formación gracias a excelentes maestros
formadores que me han enseñado”, resumió, sencilla, sobre su carrera.
Del mismo modo, en la segunda oportunidad en que llegaba a
la ciudad destacó “La calidez de este lugar hace muy gratas las visitas. A esto
se suma el esmero que puede observarse tanto en alumnos como en docentes para hacer
de las correcciones un progreso en lo que se intenta desarrollar”
Sobre el eje vertebral en que debiera centrarse la enseñanza
de la danza, después de toda una vida dedicada a ella, compartió apasionada “El
arte es la creación máxima que puede hacer un ser humano, que tiene que cantar,
pintar, bailar, para llegar a otro mundo. El arte es un camino a la divinidad:
la perfección de los movimientos, incluye espíritu, mente y cuerpo, puliéndote
como ser. Los niños están abiertos al conocimiento, expectantes, ansiosos de
aprender más. Uno debería poder morirse siendo, dentro suyo, niño. Poder ser
niños en el alma hasta el último segundo, permite querer recopilar, observarse,
volverse cada vez mejores ya que es en ese mejorar, es donde se tiene la
capacidad de ayudar a los demás”.
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