En el SUM Angel Gabriel, del Barrio Florida, se desarrolló
en la tarde del jueves 16 de diciembre el cierre de actividades del Club de los
Abuelos “Las Flores de Irupé”, y
honraban su nombre iluminando con su excelente espíritu el encuentro.
Un grupo numeroso de juveniles adultos lo suman a uno apenas atraviesa la entrada. Lleva menos de un par de segundos sentirse parte del grupo, como en casa. Las charlas entrecruzadas, las bromas cómplices, gestos y miradas que relatan buenos momentos compartidos… Todo ayuda a sentir esa sensación tan cálida que hace olvidar por completo el reloj y borrar desde el conciente cualquier otro compromiso.
Sentirse y disfrutar, pareciera ser la consigna. Un logro
muy bien desarrollado que hoy tiene esa contagiosa espontaneidad pero que fue
un tarea que, como todas, requirió de tiempo, esfuerzo, paciencia y voluntad.
El Club de los Abuelos fue una propuesta del equipo de la Secretaría de Promoción
Humana que justamente en este Salón de Usos Múltiples realizó la, exitosa,
experiencia piloto. “Este Club del Barrio Villa Fedullo eligió por nombre las
Flores de Irupé. En este espacio la participación es solo femenina pero no
porque se haya pensado de este modo sino simplemente porque fueron solo señoras
las que se acercaron y se quedaron. La experiencia fue muy linda, no solo por
ser el primer lugar donde funcionó este Club, sino por el modo en que se
adueñaron del Club aprovechando el espacio, el tiempo y las ganas”, señaló a
Diario del Bicentenario Yenhy del Giorgio, funcionaria a cargo del área de
Promoción Humana.
Frente a la larga mesa cargada de exquisiteces, las abuelas
se sumaban de uno y otro lado. Felices aplaudían las imágenes que, proyectadas
sobre la pared, daban cuenta de los gratos momentos compartidos en grupo.
Clases de yoga, tardes de lotería, charlas sobre salud, desfiles de modas en
las que fueron las protagonistas, sorteos, mates… claramente todo fue diversión
multiplicada. Pero a la hora de ponerse
“serias”, mostraron que también podían hacerlo. Y de ello da cuenta el
orgulloso cuadernillo que compila 12 de las mejores recetas (y secretos) de las
expertas cocineras del barrio.
“El Club funcionó este año durante un poco más de seis
meses, pero aún este corto período fue suficiente para consolidar el grupo y
generar muchas actividades con proyección al año próximo, para el cual ya
elaboraron una lista de las cosas que les gustaría hacer. Nos sentimos muy
felices, por poder aportar estos espacios de encuentro que propician el
envejecimiento activo. Desde el Gobierno Nacional existen programas que
contienen el área de salud y pensiones, entre otras, pero también es cierto que
es necesario generar este otro tipo de espacios donde los adultos mayores
interactúan con sus pares, desarrollando actividades que los hacen sentir
vivos”, compartió la Secretaria de Promoción
Humana.
El 30 de diciembre Flores de Irupé cerrarán las actividades
programadas del año con la última clase de yoga del 2010, aún cuando la pequeña
fiestita de despedida de un año que les brindó tantas alegrías la realizaron
con informalidad este jueves 16 de diciembre.
Febrero será el mes del re encuentro formal, pasados los
festejos de fin de año que habitualmente reúnen a las familias y generan en los
hogares otro tipo de ritmo. “Nos sentimos muy satisfechos con lo logrado. No
fue sencillo al comienzo que se interpretara la libertad que tenían estos
espacios, libres para recibir propuestas. Hoy, vemos que la participación
encuentro a encuentro es más numerosa, lo que surge de la alegría de la vecina
que invita a otra a sumarse. Quedaron algunas actividades pendientes como el
viaje y el compartir con el Club de Parada Labougle, por algunos inconvenientes
que nos surgieron con la movilidad. Pero no queda nada sin hacer, simplemente
postergado hasta recomenzar en febrero”, concluyó.
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