Atardecer de otro día de calor agobiante. Día laboral. Sin embargo el paisaje es inesperado. Algo le falta… ¿Dónde están hoy los jóvenes que esperaría verse riendo en la Costanera o celebrando el momento en la calle Principal? En realidad, no es misterio: están más vivos que nunca.
Monte Caseros se vuelve mucho más plena y brillante en estos momentos maravillosos que pudieran parecer excesivamente tranquilas para quien desconoce donde buscar. Este final de tarde es solo un momento más del ya incesante trabajo en los galpones: talleres de donde surgirán en contadas horas las carrozas, cascos y espaldares que volverán a sorprender a locales y visitantes.
En las casas la visita rota, pero la rueda permanece también sin alterarse, cambiando únicamente de a ratos las manos que se abocan con meticulosidad a darle a cada pieza del vestuario la posición correcta para que el brillo que se obtenga sea el mayor posible.
Los diseñadores, obsesionados con esa perfección que caracteriza con orgullo al Carnaval Artesanal de Monte Caseros, recorren, supervisan, corrigen, asumen personalmente la tarea poniéndose al frente del lugar que este vacante.
Se apronta quien una vez –ya no recuerda hace cuanto- bailó por primera vez, para sentirse de nuevo en su noche de bautismo. Se entusiasma, lleno de ansiedad, aquel que vivirá la experiencia que repetirá mientras lo deje el cuerpo.
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Información más completa? Sobre este tema y todos los de nuestro portal de noticias, encontrás más detalles y más fotos todos los viernes en Diario del Bicentenario. Pedilo en los kioscos de Monte Caseros!
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