El trabajo de reeducar a la comunidad para que
vuelva a realizar la recolección diferenciada de residuos ya da sus frutos.
Mientras en dos barrios ya es realidad, en los próximos días la capacitación
culmina en el tercero.
Barrio Malvinas fue el pionero, aquel barrio
en que el trabajo se desarrolló sin mayores dificultades porque consistió
básicamente en retornar a un hábito que oportunamente el vecino había
adquirido, teniendo conciencia de la importancia de su participación y de los
resultados que esto acarreaba a futuro, reduciendo el volumen de lo depositado
en el basural.
Mostrando incluso que lo sembrado años atrás
–y luego olvidado por siguientes gestiones de gobierno- había caído en tierra
fértil, muchos de los vecinos de este barrio adhirieron a la propuesta, pero
conservando la metodología que no habían dejado de lado, realizando compost
(abono orgánico) en sus propios hogares, y recibiendo para ello una charla de
capacitación para facilitar el proceso y garantizar el resultado.
El
Barrio 308 fue el segundo en invitarse a sumarse a esta modalidad,
posible gracias a la incorporación de los modernos camiones recolectores de
residuos durante el último año, lo que al acortar significativamente los
tiempos de recolección permite implementar exitosamente una doble recorrida
para los barrios que se suman a este proyecto. Una por la mañana, y otra por la
tarde.
Siendo una segunda puesta en marcha por demás
exitosa, el grupo de capacitadoras ambientales comenzó a plasmar el compromiso
de los vecinos visitados casa por casa, ahora en el Barrio Belgrano, el que en
breve se encontrará listo para realizar también esta disposición final de
residuos separada en inorgánicos (papeles, latas, cartones, bolsas, etc) y
orgánicos (restos de verdura, comida, huesos, alimentos), los cuales son
colocados en tachos suministrados por la comuna.
UN PASO MÁS CERCA DE LA ELIMINACIÓN DEL
BASURAL
Visitar el lumbricario luego de haberlo
apreciado hace unos ocho años, en pleno apogeo, causaba hasta hace poco mucha
tristeza. Totalmente abandonado, entre largos pastizales cubiertas las “camas”,
y sin nada más que la nada misma como principio y fin de un proceso
interrumpido y aparentemente tan herrumbrado como para no tener la cercana
esperanza de su recuperación.
Sin embargo hace pocos días, Diario del
Bicentenario atravesó los portones de las instalaciones junto al responsable de
Medio Ambiente, Pablo Di Angelo, quien justamente recordaba aquella anterior
visita, hace ya tantos años, con la esperanza de que en muy poco tiempo pueda
lograrse ese mismo nivel de actividad, entonces reinante.
Pero lo logrado, no obstante, es considerable.
Las cinco camas (bases de cemento donde se depositan los residuos, a los que se
agregan lombrices californianas y que
luego son cubiertos con pasto seco, teniendo una rutina de mojado, y volteo que
se repite cada quince dias), ya se encuentran ocupadas, dando cuenta que aunque
con un volumen aún no demasiado importante de recolección de residuos
orgánicos, la tarea ya está en marcha.
De la misma manera, esta da por resultado la
producción del abono orgánico que ya es utilizado por la comuna desde el área
de parquización, previéndose que una vez instalada firmemente la planta, con un
volumen mayor de producción, los vecinos sean también destinatarios del mismo, como una manera de recompensar el
esfuerzo que realizan al separar los residuos y de plasmar el sentido que esto
tiene.
Esta tierra enriquecida, sumada en una pequeña
proporción a aquella donde se siembran todo tipo de vegetales, garantiza un
mejor y más rápido crecimiento ya que se trata de abono naturalmente
enriquecido.
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