Vivir de algún modo se vive, pero lo cierto es que para poder disfrutar del don de la vida, y del encuentro con la familia hace falta un poco más. Confianza, dignidad y, quizás fundamentalmente, esperanza para construir ese camino que lleve a todos juntos, de la mano, hacia un lugar mejor.
Cuatro paredes y un techo no hacen más que un cuarto. Para
transformarlo en la “casa de uno” se requiere de un poco más. Sueños, entusiasmo, historia y esperanza
deben unirse en ese mismo lugar donde la familia se reúne en torno a la mesa
para compartir los mates y los deberes de los chicos, en cada uno de los
cuartos que guarda el descanso de los más valioso que resguardan sus paredes,
y, hasta en el mismo jardín, que cobija las risas y juegos infantiles a los
que, inevitablemente se suman los sonidos de más de una mascota.
Con sencillez y con humildad, todo esto puede lograrse, pero
hace falta que la incertidumbre y la desilusión le deje espacio a las ganas que
emergen en medio de un nuevo comienzo. Todo esto es, ni más ni menos, lo que
recibieron esta semana varias familias casereñas: el volver a sentir que todo
se puede cuando se empuja juntos.
MEJOR HABITAT
Una vivienda en
Gauchito Gil, una en Puerto Ceibo, otra en Kilómetro 9, otras dos que se suman
en Barrio Juan Esteban Martínez. Sencillas pero robustas como su estructura de
material y techos de zinc, completas como sus instalaciones sanitarias y
eléctricas, se plasman las intenciones de reparar en la medida de lo posible
con los mejores recursos disponibles –en el corto plazo- necesidades
postergadas hasta lo insoportable en lo que a materia habitacional se refiere.
A través de la Secretaría de Promoción Humana, el gobierno
de Eduardo Galantini continúa de este modo implementando el Programa Mejor
Habitat destinado a brindar solución a las demandas más urgentes de las
familias más carenciadas. Una lucha por cerrar una brecha que se acrecienta con
cada nacimiento y con el surgimiento de las nuevas familias que se unen a otras
ya existentes en viviendas tan precarias que el simple paso de una tormenta
más, puede tornarlas directamente inhabitables.Pero en la convicción de que se puede tornar posible y visible hasta la tarea más compleja, el trabajo continúa. Será hoy la esperanza la que se ilumine en esa familia, como la del kilómetro 9, que hace unos meses repleta de angustia observaba aterrada como las llamas consumían por completo su vivienda precaria; mañana o pasado será el turno de aquella que hacía tanto aguardaba, que ya no lo creía posible..
Lo importante es que mientras la tarea avanza, aunque pudiera
parecer que a pequeños pasos para el ojo que no está atento, implican en cada
ocasión profundos cambios de vida, tan simples y tan increíbles que permiten a
quienes tocan volver a sentir que si se quiere, y se trabaja por ello, en
verdad todo se puede.
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