Con panteones que datan de fines del 1800, el Cementerio Rural está ubicado a unos 15 kilómetros del casco urbano y es el lugar de descanso definitivo de la mayoría de los pobladores del campo.
Tumbas ocultas entre descomunales pastizales,
adueñados del lugar. Históricas piezas artesanales en hierro, incluyendo cruces
muy antiguas, sueltas, arrancadas, incluso apiladas en distintos rincones de un
espacio ganado por el abandono…
Senderos dibujados por el olvido de la mano
del hombre que llevaban a avanzar desprolijamente entre las tumbas, sin tener
la plena certeza de no estar violando su respeto, y pisándolas en medio.
Un escenario de tristeza y desolación en un
lugar, que por su belleza y el sonido puro de la naturaleza que lo abraza,
escondido del camino central de acceso a Labougle, debía ser pleno de una
tranquila serenidad capaz de contagiarse al visitante.
Sin embargo nada de esto ocurría hace algunos
años. Y mostrarlo a través de las páginas de un periódico con el objetivo,
humilde, de reflexionar en conjunto sobre la enorme pérdida que se sufría y que
podía producirse como consecuencia de tamaña dejadez, solo ofendía a quienes entonces gobernaban que lo
interpretaban como una suerte de “ataque” al trabajo que, desde la palabra,
afirmaban se desarrollaba con “ahinco” en la zona rural.
Pero las palabras sobran cuando las imágenes
hablan por sí mismas, y en este caso no murmuraban, gritan pidiendo auxilio
desesperado ante la posibilidad, para nada remota que algún ocasional visitante
vislumbrara el valor histórico y económico de las reliquias que ese cementerio
guarda, y lógicamente sin tener para él ningún valor sentimental, viéndolas en
el piso, desparramadas, no resistiera la tentación de llevarlas consigo.
Pero lo cierto es que ante la vida, como ante
la muerte, todos somos iguales. Se acaban categorías y status. Y así es como se
siente hoy, renovada la visita al lugar donde por fin, la paz le sale a uno al
encuentro, tentándolo a quedarse en el lugar palpitando la calma que reina bajo
la sombra de sus enormes árboles.
Allí se
vislumbran todavía atisbos de la obra que se desarrolla en conjunto y que se
encuentra próxima a terminarse, habiendo sido anhelo y necesidad luego del gran
abandono en el que se encontraba este hermoso e histórico campo santo que a
tantos alberga.
Sobre esta unión de áreas e instituciones, se
consultó al Secretario de Promoción Humana Martín Tellería, quien indicó “En el
cementerio de Tacuabé, Obras Públicas realizó dos lindos baños, Desarrollo
Local hizo la perforación e instaló la bomba de agua, y la Cooperativa
Agropecuaria y de Electricidad Monte Caseros (CAEMC – a través de la gestión de
Daniel Carlino) realizó gratuitamente la instalación de energía”. Eso hace que
el cementerio rural tenga hoy baños, agua y luz con el proyecto de distribuir
estas dos últimas en tres puntos estratégicos que permitan su utilización para
realizar o mejorar construcciones.
La CAEMC tomó la luz de la familia Robledo,
distante del cementerio a unos 300 metros, corriendo con un costo de
aproximadamente 10 mil pesos para posibilitar la extensión y bajada del tendido
en esa zona, por lo que realmente es destacable el aporte comunitario que ha
hecho con este gesto a la zona rural.
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