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MARIJO ARETA: La memoria no es su fuerte





Dicen que el hombre es esclavo de sus palabras y dueño de sus silencios, pero paradójicamente en algunos casos el axioma es al revés. Este es el caso cuando hablamos de lo sucedido a la joven Romina Ojeda, y de lo que dijeron y no dijeron las personas que sabían sobre el particular hecho.








 
Semanas atrás se cumplió un año de la trágica muerte de Romina y algunos medios capitalinos recordaron lo sucedido haciendo hincapié en las circunstancias que todavía se manejan en el ámbito judicial.

Quisimos dejar pasar unos días, sin dejar de recordar a Romina pero reflexionando sobre toda la información publicada últimamente. En este punto especifico rescatamos lo dicho por la Diputada Marijo Areta, que haciendo uso de su ambivalente personalidad política, pareció dar rienda suelta a su amnesia pre electoral y declaró a medios de la capital con el subtitulo “HUMANIZAR LA SALUD” cosas como: “No quiero como que quede algo que pasó hace un año y quedó archivado y con la sensación de que esto va camino a la impunidad, quiero que se esclarezca. Estamos frente a una provincia sin coordinación y con falta de respuestas, sobre todo en la parte de salud pública provincial, con respecto a la gente que no tiene cobertura médica privada u obra social y depende exclusivamente del sistema estatal”.

 “Hay que analizar en forma más seria las coordinaciones entre los distintos sectores de salud y estar atentos a la feminización de la pobreza”. También declaró que “si yo como legisladora no denuncio que pasan estas cosas y no trato de emprolijarlas más, porque acá se está jugando con la vida de seres humanos, hago como cómplice si no hago nada”.

Tamaña declaración sería para aplaudir de pie si no se tratara de Areta, mismísima persona que colocó a cargo del Hospital Robinson a la entonces Directora Dra. Eugenia Sifria, persona de extrema confianza de la Diputada. La Dra. Sifria era la principal responsable de la salud de Romina, y es quizás una de las pocas personas que puede dar respuestas precisas sobre lo sucedido a la joven. La irresponsabilidad, la dejadez y el abandono con que se trató a Romina y a su familia eran de total conocimiento de la Directora que, además, cuando se realizó la marcha al mes de la muerte, se atrincheró en el hospital con policías apostados en la puerta.

Adónde hemos llegado, “hago como cómplice si no hago nada” dijo la Diputada y la verdad que en un año no hizo nada, ni explicaciones dio ni al menos exigió que se den. Cuanto hay para ocultar que ahora para despegarse del caso se autoproclama Paladina de la justicia, exigiendo respuestas que debió exigir a su mismísimo grupo de trabajo cuando Romina aun estaba con vida y su estado de salud era complicado y conocido por la mayoría de los profesionales del nosocomio local. Por respeto a Romina se hubiesen callado los que hablaron y hubiesen hablado los que se callaron. Pero  nada de eso pasó, y seguimos igual.

Los medios capitalinos afirman que Romina murió así por pobre, pero nosotros volvemos a aseverar que en verdad la mató la indiferencia, la indiferencia de los que podían hacer algo y no hicieron nada. En definitiva, bien sabido es que en nuestra ciudad, los mismos profesionales que prestan atención en el ámbito público son los que atienden el ámbito privado. Podrá por ello objetarse si la “voluntad” que ponen en la atención es la misma, pero no podrá negarse que la capacidad es en definitiva la misma y la entrega, se supone, también.

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