Capacitación, incentivo a micro emprendimientos, apoyo a la actividad rural, fortalecimiento a la formación de grupos cooperativistas, asistencia habitacional ante situaciones de emergencia. Formación, trabajo, vivienda, eslabones indispensables para una vida digna.
Diagnosticar las necesidades, determinar las respuestas tendientes a brindarles solución, diseñarlas, o encontrar la manera de que estas puedan llegar a sus destinatarios es una manera sencilla de describir una tarea que es diaria, y podría ser eterna si se desarrollara de un modo incoherente.
Sin embargo la Secretaría de Promoción Humana define su accionar como “Trabajar por la inclusión social y el ejercicio pleno de los derechos de todos los casereños”. Es decir que, un paso más delante de la emergencia que plantea siempre una necesidad insatisfecha en el hoy, se busca brindar una respuesta que otorgue soluciones a través del tiempo, generando nuevas inquietudes para que sea la motivación, el motor de desarrollo que impulse a cada casereño.
Comenzando el largo proceso de revertir durísimas realidades socioeconómicas, todo un equipo de trabajo se aboca al análisis de los casos que surgen desde toda la ciudad. Las asistentes sociales, se unen a la oficina de empleo, y se articulan con otras áreas de la comuna, como la de obras públicas, para diagramar la mejor alternativa para cada requerimiento que surge.
A veces el desafío es readecuar las conocimientos y capacidades para lograr o mejorar la empleabilidad. Otras otorgar el asesoramiento y el soporte para abandonar la precariedad laboral sumergiéndose en un proyecto familiar seguro y rentable que asegure, junto con los ingresos periódicos, la escolaridad de los más pequeños, y hasta la finalización de los inconclusos estudios de los mayores.
Quizás el trabajo más arduo sea revertir conceptos, y generar en cada familia la necesidad no de ser asistida sino, justamente, de contar con el impulso para dejar de serlo de manera sostenida.
Este tercer gobierno del intendente Galantini, continúa el lineamiento que ha caracterizado a los dos anteriores. Desde lo habitacional, apuesta a suplantar situaciones de emergencia por oportunidades genuinas de un nuevo inicio.
En forma reciente, a finales de junio, esto volvía a comprobarse con la entrega de nueve nuevas viviendas que, reemplazando sitios devastados por incendios o peligrosamente semiderruidos intentaban cobijar infructuosamente a familias socio económicamente vulnerables.
De esta forma, grupos familiares sumidos en el desasosiego de no poder superar la suma de diferentes adversidades, de pronto se encontraron –casi sin poder asumirlo- frente a una casa, propia, con techo de chapas y paredes de ladrillos, invitándolos a instalarse y a disfrutar de su cocina, baño, y hasta lavadero, significando para muchos la primera oportunidad de contar con un lugar con instalaciones sanitarias y eléctricas.
Más allá de lo que esto seguramente significó para cada una de las familias al momento de enterarse que recibirían esta ayuda, seguramente la incredulidad debe haberse en cierta medida sostenido incluso, al despertar, los primeros días, en esta realidad tan diferente.
Pero más lejos aún de lo que representa en sí en el hoy, es más importante la repercusión que tienen estas acciones hacia su futuro. Recuperar la fe, la confianza en la existencia de las oportunidades, revalorizarse creyéndose digno de ellas, fortifica el espíritu y pone en marcha todo aquello que se creía enterrado para siempre. Vuelven los sueños, con ellos los proyectos y las ganas, y, pensando que es posible, se puede poner manos a la obra para concretarlos.
Y dejó ya de ser la historia de una mamá o un papá sumidos en dificultades. Es ahora la historia de nueve, de siete, resguardados en un hogar, tejiendo juntos un futuro que vale la pena, porque de repente puede observarse que con empuje –y un poquito de ayuda- todo es posible.
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