En estado deplorable se encuentran las hermosas farolas colocadas en las veredas de calle Uspallata sobre el cierre de gestión de Eduardo Cornaló. Luces llenas de rumores, ya que nunca se supo cuánto se pagaron ni donde se compraron, pero sí que llegaron justito antes de las elecciones.
Se dice que el costo de los coquetos farolitos rondó los 250 mil pesos, pero nunca pudo confirmarse. Se dijo que eran para alumbrado público, eso ya se sabe que nunca fue así. Colocadas en una arteria ya iluminada, con el objetivo “de reforzar” la iluminación, rápidamente cayeron en desuso.
Rápidamente víctimas de pedradas y patadas, pueden verse sus esqueletos en distintas partes de calle Uspallata. Las hay arrancadas de cuajo; partidas o dobladas a la mitad. Predominan las sin vidrios y con lámparas rotas…
Evidentemente los concejales lo notaron y por eso el 18 de agosto votaron para que el actual gobierno se ocupe de repararlas y mantenerlas. Completo hubiera sido el trabajo –aunque quizás mucho trabajo- si se hubiera averiguado, a quien y a cuanto se le compraron estas luminarias y porqué las mismas no cuentan con las condiciones mínimas de anti vandalismo que debe tener todo elemento que se instale sobre la vía pública a efectos de garantizar una cierta –mínima- durabilidad.
Evidentemente, si con tan poco pudieron destruirse tanto, las bonitas lámparas en cuestión deben haber sido diseñadas para ornamentar algún jardín interno. En más de uno, también se rumorea, también fueron instaladas algunas de estas lámparas a su arribo a la ciudad. Quizás con el objetivo, de probarlas, pero tampoco se sabe.
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