La Declaración de Buenos Aires firmada por los presidentes
Cristina Fernández de Kirchner y José ‘Pepe’ Mujica el 2 de agosto pasado
constituye un nuevo paso en el fortalecimiento de las relaciones bilaterales de
Argentina y Uruguay.
La Declaración
-esperada por muchos- sintetiza el esfuerzo de un gran grupo de actores
institucionales e individuales, públicos como privados, que creen con
fundamento en la bilateralidad histórica de nuestros países y en la posibilidad
de una construcción relacional complementaria “de abajo hacia arriba” y “de
arriba hacia abajo”. El rol de las Cancillerías con expresa orden de los
Presidentes, de las respectivas Embajadas en Buenos Aires y Montevideo pero
también de las autoridades locales y de las organizaciones de la sociedad civil
de la frontera; así como los comprobados intereses de desarrollo económico con
beneficios conjuntos; ponen de relieve la necesidad de articular canales
comunicantes para dar curso a la integración fronteriza.
La Declaración de Buenos Aires firmada por los presidentes
Cristina Fernández de Kirchner y José ‘Pepe’ Mujica el 2 de agosto pasado
constituye un nuevo paso en el fortalecimiento de las relaciones bilaterales de
Argentina y Uruguay. Atrás queda el conflicto de Botnia para poder centrarse en
una nueva agenda altamente propositiva que abarca distintos campos que van
desde el comercio y la industria, la energía, la minería y la protección de
cuencas, pasando por la salud y por el inicio de una serie de estudios de
pre-factibilidad para obras de infraestructura de conexión en la zona de
frontera, entre otros temas de particular relevancia.
La Declaración de Buenos Aires -esperada por muchos-
sintetiza el esfuerzo de un gran grupo de actores institucionales e
individuales, públicos como privados, que creen con fundamento en la
bilateralidad histórica de nuestros países y en la posibilidad de una
construcción relacional complementaria “de abajo hacia arriba” y “de arriba
hacia abajo”. El rol de las Cancillerías con expresa orden de los Presidentes,
de las respectivas Embajadas en Buenos Aires y Montevideo pero también de las
autoridades locales y de las organizaciones de la sociedad civil de la
frontera; así como los comprobados intereses de desarrollo económico con
beneficios conjuntos; ponen de relieve la necesidad de articular canales
comunicantes para dar curso a la integración fronteriza.
Los estudios desarrollados por el CeSPI (Centro Studi di
Politica Internazionale) en el marco del Proyecto “Fronteras Abiertas” nos
indican que la cooperación transfronteriza se ve favorecida cuando existen tres
condiciones fundamentales:
- Que los territorios comprendidos participen en un proceso
de conectividad física,
- Que se cuente con un acuerdo político de alto nivel entre
los países involucrados que se materialice en algún marco institucional que
ordene sus relaciones y, por último,
- Que se reconozca la participación de los gobiernos
subnacionales fronterizos, en cuanto articuladores de los actores locales y
como instancia institucional necesaria para una positiva gobernanza
transfronteriza” (Rhi Sausi y Oddone, 2009, 2010 y 2011).
Las acciones que de manera sostenida vienen desarrollando
las autoridades locales de las ciudades fronterizas de Monte Caseros (provincia
de Corrientes, Argentina), Bella Unión (Departamento de Artigas, Uruguay) y
Barra do Quareím (Estado de Rio Grande do Sul, Brasil) es fiel ejemplo del
éxito del enfoque antes mencionado. Una vez más, las áreas fronterizas son -por
tanto- áreas estratégicas ideales para la experimentación social de la
integración regional.
La búsqueda de un puente que comunique las localidades -‘un
sueño histórico’ como menciona el Intendente de Monte Caseros Eduardo
Galantini- se constituyó en la base sobre la cual se articularon políticamente
los tres intendentes y sobre la que se encaminó la participación de la sociedad
civil local. Innumerables veces se cruzó en lancha el río Uruguay (aún con
altas crecidas y a veces con la oscuridad de la mañana o de la noche) con el
objetivo de construir consenso y llegar a un acuerdo.
Ante la existencia de un puente que comunica Bella Unión con
Barra do Quareím, quedaba en claro la necesidad de comunicar Monte Caseros con
Bella Unión y así fundar una microrregión de integración fronteriza.
El desarrollo de la infraestructura física es indispensable
para atender las necesidades básicas de cualquier población a la vez que
dinamiza la competitividad internacional y vigoriza los procesos de integración
regional en curso. Una obra de conectividad física como la que se pretende es,
sin lugar a dudas, un proyecto “estructurante” para los territorios de frontera
comprendidos y a partir de la cual se redefinirán y redimensionarán tanto las
relaciones locales como las interacciones regionales e internacionales.
En el punto 7 sobre ‘Integración Física’ de la Declaración
de Buenos Aires se menciona: “El acuerdo para la construcción de un puente
internacional entre las localidades de Monte Caseros (Provincia de Corrientes,
Argentina) y Bella Unión (Departamento de Artigas, Uruguay), encomendándole a
la CARU la elaboración de los estudios necesarios para la realización de la
obra, manteniendo una adecuada coordinación con las respectivas autoridades
nacionales competentes. Las gestiones en curso para un Estudio Binacional
Integral para la elaboración de un Programa destinado a la mejora de la
Conectividad Territorial Argentina-Uruguaya, financiado a través de fondos de
preinversión instituidos en el marco de la iniciativa IIRSA por los organismos
internacionales de crédito que apoyan a la misma”. Este punto es el resultado
de dos comunidades comprometidas, con liderazgos locales decididos, que han
realizado diferentes actividades de difusión y lobbying con el objetivo de
visibilizar ‘su sueño’.
A nivel nacional, la Declaración Conjunta de los Presidentes
de la República Oriental del Uruguay y de la República Argentina realizada en
San Juan de Anchorena el 2 de junio de 2010 (conocida simplemente como
Declaración de Anchorena) y el interés de trabajar en materia de integración
fronteriza renovaron las bases para las reuniones bilaterales mantenidas por
los Cancilleres Almagro y Timerman como así también los esfuerzos por reactivar
la CODEFRO (Comisión de Desarrollo Fronterizo del Río Uruguay) y los Comités de
Integración.
También es de reconocer el espacio brindado por el Canciller
Almagro decidido a escuchar las voces de las autoridades municipales. La
adopción de un enfoque de integración ‘desde abajo’ constituye una modalidad
complementaria a los esfuerzos intergubernamentales.
A nivel local, la realidad trinacional fronteriza de
ciudades gemelas se vio reforzada a partir de la Ley Nº 18.567 del 13 de
setiembre de 2009 sobre “Descentralización Política y Participación Ciudadana”
que permitió la creación de la Alcaldía de Bella Unión en Uruguay. Un completo
alineamiento político e institucional que permite avanzar en la construcción de
la microrregión de integración fronteriza antes mencionada.
El nivel de relacionamiento local es un elemento sustancial
de la agenda fronteriza y se encuentra en pleno dinamismo a partir de los
acuerdos de hermanamiento vigentes entre las tres ciudades, los proyectos de
desarrollo financiados por cooperación internacional ejecutados en conjunto y
por la reactivación del Comité de Integración Monte Caseros – Bella Unión realizada
del 8 al 10 de junio pasado con auspicio de ambas Cancillerías y con la
presencia de los Embajadores Dante Dovena y Pomi Barriola.
Los Comités de Integración constituyen uno de los foros de
integración regional más importantes en el marco de las relaciones vecinales.
Creados como una instancia permanente de intercambio entre regiones y
municipios, cumplen la función de ser mecanismos canalizadores de las
aspiraciones en el nivel local y regional –a uno y otro lado de la frontera- en
los ámbitos de la integración física, el tránsito y tráfico fronterizo, la
cooperación, la educación y la salud, el turismo, el desarrollo económico, etc.
Basta pensar que para la pasada reunión realizada en Bella Unión, cruzaron más
de 60 casereños por día.
La cooperación transfronteriza es entendida como una alianza
estratégica de los actores y los territorios subnacionales contiguos para
reforzar los procesos de integración regional; busca dar respuesta a la
necesidad de generar mecanismos de “integración hacia dentro” en el marco del
Mercosur que permitan disminuir las asimetrías territoriales y favorezcan la
cohesión social.
Los municipios son los actores claves a pesar de sus
capacidades frágiles o limitadas. Se trata del nivel de la administración
pública más cercano al ciudadano y con un amplio poder de convocatoria en
términos de actores individuales o institucionales, hombres y mujeres, empresas
o universidades, entre otros. Aún cuando sus capacidades en términos de gestión
pueden ser limitadas, su fortaleza en términos de responsiveness (si se logran
materializar políticas públicas de acuerdo a las preferencias expresadas por la
ciudadanía) suele ser fundamental. Una obra de infraestructura de frontera,
difícilmente logra ejecutarse si los municipios limítrofes no comparten la
propuesta y no se han apropiado de ella.
En esta triple frontera hay una población que espera su
puente, que lucha por su puente, una población que construye su puente en el
día a día a través de las interacciones cotidianas del vivir fronterizo. La
apropiación social de la propuesta es indiscutible, el empoderamiento de los
actores y el liderazgo político local relevantes por eso el estudio de
pre-factibilidad que se espera desarrolle la CARU sienta tan sólo la base
técnica para la construcción material del puente… en tanto que la construcción
social ya está hecha desde hace tiempo…
Nahuel Oddone,
Cooperación Internacional, Monte Caseros, Corrientes.
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