Los casos de agresividad de perros hacia los humanos representan una problemática común, que se acentúa cuando hay niños de por medio. En este informe profesionales de la UNNE abordan el tema desde las consecuencias de los ataques de perros a chicos y del desconocimiento de los adultos sobre el comportamiento canino.
La agresión canina, una conducta que puede ser normal en estos animales, es una forma de comportamiento que sin embargo supone un riesgo potencial para la sociedad. Una mordedura puede implicar serios perjuicios: la herida en sí, el costo que ocasionan el tratamiento de la lesión o la internación del agredido, la transmisión de algunas enfermedades zoonóticas, así como el impacto psicológico que sufre el agredido.
A la cada vez más común decisión de las personas de adoptar a perros como mascotas, por motivos de seguridad en los últimos tiempos creció la adopción de perros de razas de mayor fuerza, tamaño y capacidad combativa que, por la fuerza de su mordida, se encuadran dentro de los animales potencialmente peligrosos. En la práctica hospitalaria diaria se observa, cómo se han multiplicado los casos de personas atacadas por perros.
Según un estudio realizado por los investigadores de la UNNE, entre el año 2009 y gran parte del 2010, sólo en el Hospital Pediátrico Juan Pablo II se registraron 995 casos de lesiones por mordedura de perro, con un promedio de edad entre los 8 y 12 años. Si bien pocos casos requirieron internación y se asocian con daños menores, pueden afectar la relación humano animal.
“Pocas situaciones provocan tanta ansiedad como la mordedura de un perro en un niño. La agresión canina es un problema de comportamiento del animal que tiene una gran importancia sanitaria y social” explicó doctora Roxana Servin, autora del estudio, docente de la Facultad de Medicina de la UNNE y de médica pediatra del Hospital Pediátrico Juan Pablo II.
Justamente, sobre la conducta de los animales y la relación de estos animales con los humanos, la doctora Patricia Koscinczuk, docente e investigadora de la Facultad de Veterinaria de la UNNE, consideró fundamental no juzgar la agresividad canina como algo anormal o indebido, pues la agresividad es propia de la conducta de los animales, y, en muchos casos, es posible tomar medidas preventivas.
“Para ello se necesita identificar la causa de la agresividad y controlarla en beneficio de quienes interactúan con el animal” expresó. Señaló que la agresividad engloba a una variedad de comportamientos que pueden tomarse como señales y que pueden ir desde sutiles actitudes corporales y expresiones faciales -gruñir, enseñar los dientes, ladrar- hasta ataques repentinos.
Control. La especialista señaló que la educación de propietarios sobre comunicación canina y la intervención temprana en la socialización de las mascotas permitiría controlar situaciones asociadas a agresividad por Dominación, Posesiva y Protectora. Por otra parte, situaciones asociadas a agresión por miedo podrían ser tratadas en beneficio de los animales y de sus propietarios una vez identificada la causa que produce miedo.
Recordó que muchos animales son agresivos en respuesta al dolor y una simple consulta médica podría resolver la situación. Otros en cambio lo hacen frente a castigos mal entendidos como pegarles, mantenerlos atados, con privación de comida, etc.
En primavera y otoño aumenta la agresividad asociada a la búsqueda de la pareja de apareamiento, ante lo cual la castración temprana de hembras y machos colaboraría con disminuir este tipo de agresión al mismo tiempo que disminuiría la cantidad de perros vagabundos en las calles.
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