Un nuevo encuentro entre los productores locales –urbanos y rurales- y los consumidores de Monte Caseros tuvo lugar en la mañana del sábado 19 de noviembre. El éxito de la propuesta pudo medirse en la demanda que superó la oferta en varios artículos cerca –apenas- de las nueve de la mañana.
A las 7.30 de la mañana abría sus puertas la Feria de Productores poniendo en marcha una rutina que se espera pueda transformarse en quincenal a partir de esta segunda propuesta. Para el consumidor la experiencia resulta claramente positiva, ya que en una época que presenta ya agobiantes temperaturas, tiene la posibilidad de salir temprano a adquirir –justamente- aquellos elementos que debieran componer fundamentalmente la dieta estival.
Jugosas frutas y verduras ostentando con insolencia el brillo de haber sido recién cosechadas. Dulces, mermeladas y quesos artesanales, (exquisitos) panes caseros, huevos todavía tibiecitos… En largas mesas los productores mostraron que el proceso desarrollado durante este largo tiempo fue efectivo para generar el cambio esperado.
La valoración propia y de lo generado desde sus hogares y por las manos de sus familias, no es un logro que pueda considerarse menor. Menos aún cuando requirió de tanto esfuerzo conjunto en el que no estuvieron nunca ausentes la comuna (desde las Secretarias de Desarrollo Local y Promoción Humana), el INTA y la Subsecretaria de Agricultura Familiar de Nación.
La calidad de los productos ofrecidos integra además esa calidez característica –e irreemplazable- de la gente de campo. No puede lograrse una combinación más tentadora para el comprador que encuentra además de una amplia variedad, frescura y esmero evidentes, y precios que no pueden pasarse por alto.
En el análisis podría detenerse el comprador en la valoración específica de alguno de los muchos productos ofrecidos pero lo cierto es que lo que se destaca es la fraternidad, el afecto entre los mismos vendedores que comparten en el espacio con entusiasmo y amenas charlas sin descuidar la atención al cliente.
De esta emoción que desprenden los productores por descubrir el interés que despierta su, - hasta hace muy poco tan desvalorizada- producción asoman además las tímidas sonrisas juveniles entre tomates y acelgas… Siendo una feria que alienta la producción familiar no parece extraño encontrar a estos “ayudantes” que sin dudas son un lujo, pero sorprende muy gratamente, al consultar por unas hermosas plantas floridas, descubrir que la “puestera” es justamente una de estas presencias apenas adolescente.La emoción de la venta, poder a través de esta contar con un dinero que engrose sus ahorros, es una experiencia muy grata de presenciar. No puede pasar desapercibido lo que esto implica: una nueva generación se vuelca con entusiasmo al trabajo, encuentra en este de forma natural, el modo de ganar dinero y la satisfacción real de hacerlo con el propio esfuerzo.
TODO ENLAZADO
El tamaño de lo que se vende es incluso sorprendente hasta para los mismos vendedores. Los zapallos que provienen del puesto de Laura del Paraje Kilómetro 9, son un claro ejemplo. “Uno de estos zapallitos rellenitos sería un verdadero festín….” , comenta una vendedora a otra señalándolos.
Pero la idea no es guardar el secreto sino entre todos aprender para superarse. “Tengo el mejor abono natural, el que producen mis pollitos”, cuenta orgullosa la productora que encontró así una manera natural -y claramente eficiente- de darle utilización a lo que muchos otros podrían considerar un molesto deshecho.
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