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EGRESADOS 2011: Paso Vallejos, Alegre clausura de un nuevo ciclo

 

En la Escuela Nº 278 “Martín Miguel de Gûemes”, la finalización del ciclo escolar significó la alegría de compartir junto a seis alumnos de sexto grado la finalización de un ciclo. Era también el trascendental momento en que Antonella usaba por última vez su uniforme de jardinerita.





Un año que, como nunca, unió a las familias de la zona con los docentes que con entusiasmo trabajaron codo a codo con sus hijos llegó también a su fin en la Escuela de Paso Vallejos. Imágenes de los recuerdos compartidos, quedan en la memoria de cada uno de los que estuvieron allí, entrelazando las risas y la cándida inocencia infantil con esa naturaleza plena tan presente en esta hermosa escuelita de nuestra zona rural.

Dando la bienvenida con su florido y bien cuidado jardín, la escuela termina justo detrás de la enorme huerta. Y en medio, alrededor y por encima, los árboles prestan sus copas a las distintas especies de aves que no sienten la presencia de ningún invasor. Así es como es posible observarlas dentro del espacio de la escuela, y oír sus gorjeos y sus cantos, perfectamente integrados a los sonidos de la actividad escolar.

Apenas un pequeño pasillo separa (y une) la alegre salita del Nivel Inicial desde donde se descuelgan peluches, carteles, y juguetes que son el marco perfecto para los pequeños pies que se asoman detrás del guardapolvo anaranjado de la seño. Hasta el martes 13, allí estaba también Antonella Noemí Fonseca, la que ahora, única egresada del jardín, paseara orgullosa su enorme sonrisa por las aulas de primaria, vestida toda de blanco.

Entre esas hamacas hoy quietas, jugaron hasta el cansancio y se contaron secretos cada uno de los seis niños que egresaron ese mismo martes de su escolaridad primaria: Amalia Florencia Barrios; Guillermo José Luis Varga; Andrea Soledad Borgo; Ezequiel Brian Cosio; Miriam Ester Jardín; y Gabriel Emanuel Meza. En este o en algún otro lugar de la escuelita prometieron seguramente ser amigos por siempre.

Y todo ese entorno maravilloso que los cobijo, con el enorme amor de sus docentes, es casi una garantía de que la vida podrá llevarlos en distintas direcciones, pero siempre se encargará de traerlos hasta ese punto en que sus charlas, desordenadas, vuelvan a sonar al mismo tiempo, para contarse en una, miles de cosas.

El patio repleto de familiares y amigos. El Escenario brillando y listo para el acto formal y la hermosa bienvenida a las fiestas con la representación realizada por los mismos alumnos. En la pantalla las imágenes de un año escolar disfrutado con toda la energía: Y allí los Inspectores charlando sobre el tránsito, los Bomberos de la ciudad conversando sobre la prevención de incendios, los Periodistas compartiendo la importancia de estar al lado de los vecinos  de todos los rincones.

Esfuerzo, alegría, entusiasmo que se toman la pequeña tregua de las vacaciones para seguir pensando el modo de ofrecer cada día lo mejor, todo lo que sea posible para que esa distancia en kilómetros (alrededor de 12) que existe desde el casco urbano de la ciudad, pueda borronearse, hasta que desaparezca cualquier esbozo de diferencia o de falencia que pudiera hacer a estos alumnos diferentes a los de otras escuelas.

Los docentes, familias amigas comprometidas con el trabajo escolar (como los Piloni y los Strassburguer), miembros de la cooperadora, y los propios allegados a los alumnos, hacen un gran trabajo, en el que la ayuda externa nunca  resulta un estorbo. Así lo marca la construcción que se erige intentando cerrar el salón de actos, hoy con ayuda comunal, obra muy esperada ya que cada vez que lleve la escuela se inunda.

O la tan anhelada – y por fin!!!- llegada computadora nueva recibida de manos de la cooperadora escolar cerrando un sueño que parecía tan lejano por el valor económico que representaba, y tan poco ambicioso como querer que estos niños que cuentan con conexión internet donada por la Citrícola Piloni, que linda con la escuela, contarán con la tecnología que les permitiera utilizarla.  Y para estos niños es más que poder jugar un “jueguito”.

Es acceder a libros, es tomar contacto con la realidad del mundo y de su propia ciudad en un lugar donde la televisión por aire no llega, y adonde acceden muy pocas emisoras radiales, y donde –aunque parezca absurdo recordarlo- no llega un periódico a menos que alguien específicamente vaya a buscarlo.

Es oportunidad, es igualdad, es una aventura que están prontos todos ellos a compartir sacando de la experiencia el mayor aprovechamiento, más allá de que sigan esperando aún la posibilidad de tener –como en otras escuelitas rurales- un docente itinerante de computación y de alguna otra materia especial. Y si es así, es porque ganas sobran!!



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