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ESCUELAS DE FRONTERA: La educación impulsada por la solidaridad

A unos ocho kilómetros del casco urbano de la ciudad de Monte Caseros, siguiendo un laberinto de senderos rurales, se accede a la Escuela CAS Nº 12, del Paraje Totoras.  Inaugurada el 7 de diciembre del 2007, la pequeña escuela marca la gran obra del Club de la Asociación de Clubes Argentinos (ACAS).



Desde el año 1982 ACAS suma voluntades en todo el país, pudiendo sumarse a esta iniciativa cualquier persona desde cualquier lugar ya sea con una donación, integrándose a uno de los clubes existentes, o formando uno nuevo. Cada club actúa con autonomía, realizando actividades de apoyo a la sociedad de distinta índole como es el caso de la construcción de hogares o de refugios donde se da apoyo y alimento a los niños pero la asociación tiene como objetivo común a todos los clubes la construcción de escuelas de frontera, normalmente en zonas rurales, llegando a aquellos lugares donde los alumnos cuentan con menos posibilidades de acceder a la enseñanza.



En el año 2007, tras veinticinco años de existencia, ACAS sumaba a su nómina la Escuela Nº 12, la segunda en territorio correntino, la Escuela de Paraje Totoras. Ubicada en la Segunda Sección Chacras, a ocho kilómetros del ejido urbano de Monte Caseros, la obra comenzaba en agosto del 2006, con un equipo de trabajo que integró a miembros de la Prefectura Naval Argentina , al comercio y al municipio local, dando vida a la Escuela de Frontera CAS Nro. 12 – Provincial Nº 91 “Candida Silveira Da Silva”, que reemplazaba a partir de su inauguración las precarias instalaciones donde los alumnos de la zona recibían instrucción primaria.



La construcción ubicada en Monte Caseros, de 215 m2 de superficie cubierta, cuenta con un aula grande, una sala de dirección, una cocina comedor, dos galerías para usos múltiples, sanitarios para niñas, varones y docentes, perfectamente terminados, luminosos y cuidados en sus detalles. Un contraste rotundo con la construcción fría, húmeda y precaria que, instalada junto a la ruta, apenas cobijaba tristemente a los alumnos hasta ese día.



Desde aquel 7 de diciembre del 2007 –que tuvimos la dicha de compartir- transcurrieron varios años, y es verdaderamente una alegría retornar a este paraje y descubrir que pareciera que el tiempo se hubiera detenido. La escuela continúa brillando, como recién inaugurada. Cuidadas minuciosamente, sus instalaciones incorporaron tan solo la huella que fue dejando la felicidad infantil que fue creciendo entre sus muros.



CUATRO AÑOS DESPUÉS

Alegres dibujos saludan desde cada uno de sus rincones que, en medio del silencio, parecieran poder contar tantos buenos momentos compartidos. La Señora Luisa “Pelusa” Sanchez de Bigolio es actualmente la directora y simultáneamente la docente de primero a sexto grado, en donde se reparten 27 niños. La escuela se completa con los once alumnos que cursan el Nivel Inicial, a cargo de la Srta. Vanesa Kotik. Y siguiendo ese impulso que recibiera para crecer ilimitadamente, logró incorporar docentes itinerantes de inglés y computación, un aporte que dota a estos pequeños de la igualdad y la inclusión que también deben darse en las escuelas rurales, mejorando la preparación para para la educación secundaria.



Otro 7 de diciembre, pero esta vez el del 2011, es el que nos encuentra en la Escuelita en una ocasión más que especial. Los pequeños jardineritos comparten su acto de egresados y es un verdadero privilegio haber sido invitados para acompañarlos. Engalanados, y emocionados se distribuyen bajo la galería junto a sus familias, y nos regalan una canción para sumar luego a los alumnos primarios en otra, esta vez en inglés, después de recibir certificados y carpetas de trabajos realizados durante el año.



Las puertas de la escuelita se abren para invitar a compartir bebidas frescas celebrando la llegada del final del ciclo escolar y la víspera de las fiestas de fin de año. Detrás de esas puertas vuelve a sorprender la dedicación y el amor de los padrinos, amorosamente embalado en las cajas que se apilan en el salón. Su contenido mágico de útiles, ropas y alimentos, vuelven a traer un respiro a las necesidades que los padres no pueden cubrir. Son también el auxilio a las necesidades docentes que de este modo no llegan a materializarse.



Son una bocanada de aire puro, una esperanza vuelta realidad. Una mano tendida desdibujando los cientos y miles de kilómetros que en este caso unen a cada uno de estos niños con los padrinos de ACAS tendiendo un puente hacia un futuro que les permite simplemente soñar sus sueños de niños mientras corren alegremente despreocupados por el patio escolar.  Algo que hace cinco años, en medio de las vicisitudes diarias parecía imposible que fuera parte de su futuro.


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