
En el atardecer del viernes 2 de diciembre, organizada por
el Centro de Educación Operacional Duque de Caxias, la Retreta revalorizó
valentía y esfuerzo puestos de manifiesto por aquellos que hacen propias las
grandes luchas patrióticas.
Puntualmente a las 19.30hs. familias casereñas e invitados
especiales se reunían en torno a la Plaza del Barrio Militar Cazadores
Correntinas para compartir junto a la caída del sol el espectáculo coordinado
desde el Centro de Educación Operacional con asiento en Monte Caseros, con la
ejecución musical de la Banda Militar Humaitá.
Recordando la forma en que surgiera esta Retreta que hoy
engalana conmemoraciones importantes de esta gesta que imprimió su propio sello
musical a la historia argentina, cuadro a cuadro se revivió la historia. Jinetes
a caballo, refulgentes historias y la danza del ballet municipal Yerokí Porá,
se entremezclaban en esta interpretación local celebrada por todos las
numerosas familias presentes.
RETRETA DEL DESIERTO
En la campaña del Desierto –año 1879- tiene su origen la
Retreta del Desierto y su ejecución nos evoca un profundo significado; la
nostalgia de la gesta gloriosa, emoción simbólica y guerrera, legada por los
que vertieron su sangre por años al suelo que los vio nacer.
En aquel entonces, era costumbre que al finalizar la lucha,
las tropas se reunieran en el mismo campo de batalla o bien en el vivac, para
celebrar la victoria; elevar a Dios las oraciones por los camaradas que
ofrendaron su vida por la patria, a implorar gracia y protección para sus
personas y los seres queridos dejados en el hogar, formalizando el fiel
compromiso de darse por entero hasta ver cumplida su misión.
En la expedición al Desierto efectuada por las fuerzas al
mando del general Roca, en la Orden del Día emitida el 26 de abril de 1879 en
Carhué y, dirigida a los soldados del Ejército Expedicionario al Río Negro,
instaba a todos a cumplir con el sagrado deber que la Patria imponía en
aquellas circunstancias, terminando con estas palabras “Soldado del Ejército
Expedicionario: antes de dar el primer paso sobre la ruta del Río Negro, os
invito a dar un “viva” a la Patria.
El 28 de abril a las 7hs, se rompió la marcha tomando hacia
el Sur, a paso largo y trote. El 24 de mayo, las tropas llegaron a las
barrancas del Río Negro en Choele Choel. En el amanecer del día 25, las dianas
saludaron a los próceres de Mayo, en el dilatado valle de nuestro río epónimo.
El general Roca elevó sendos partes al presidente Avellaneda y al ministro
Campos, informando el feliz arribo. Divisiones y partidas a cargo de los
coroneles Levalle, Racedo, Lagos y Uriburu y Cap. Daza, exploraban mientras
tanto los campos del Colorado, el general Roca dirigió una intimación al
cacique Reuquecurá, por haber abrigado al rebelde Namuncurá.
En Choele Choel encontró tropas del contralmirante Guerrico,
que había remontado el Río Negro en el vapor “Triunfo”, sin haber sufrido
ningún inconveniente. El general Roca decidió efectuar un reconocimiento hacia
el Oeste en dirección a la confluencia del Limay con el Neuquén, quedando las tropas
acampadas en Choele Choel. Lo acompañaba una escolta de 100 bravos soldados, su
Estado Mayor y la Banda del 6º Batallón de Línea. El 2 de junio se iniciaba la
marcha. El desplazamiento se hizo penoso. Las jornadas muy fatigosas. El
terreno quebrado y accidentado impuso sacrificios a las tropas y desgastó la
caballada. Las partidas organizadas arremetieron contra el frío, el viento y la
nevada. La misión del Comandante había que cumplirla.
En las últimas jornadas de la empresa, las tropas perdieron
el contacto. El viento y el frío arreciaron sin cesar. Se pretendía
afanosamente establecer contacto con los extraviados y no se lograba. Las
esperanzas con las últimas horas del día empezaban a desvanecerse. El presagio
de la tragedia asolaba en todas las mentes. Atardecer triste, oscuro, frío y
profundamente silencioso. Los fogones criollos de las tropas calentaban el
churrasco y el mate reparador de tantas energías perdidas.
Un lejano toque de atención de clarín perdido en la
inmensidad del desierto encendió los corazones y aguzó los sentidos de los
centinelas y de las tropas. Al toque de atención siguieron otros que en llamado
desesperado pretendieron guiar al extraviado. Poco a poco la nitidez de las
clarinadas vislumbraron la hora del reencuentro. Las llamaradas de una gran
hoguera dibujaron en la noche el rumbo salvador. La incertidumbre se disipó, y
las tropas detrás de sus trompas y tambores, lograron su reencuentro. El
Comandante, reunió a la banda del 6º de Línea y ordenó un toque de oración en
acción de gracias.
La Retreta del Desierto es una composición ya patrimonio del
archivo musical del Ejército Argentino. Alcanza su actual estructura a través
del tiempo por el aporte, si se quiere, pequeño pero valioso de varios autores,
músicos anónimos, que fueron los abnegados propulsores de las bandas y
fanfarrias, que vivieron, sintieron y expresaron con el lenguaje del más allá,
hechos y axiomas propios de nuestra historia.
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