Comenzando la charla organizada por el Colegio Ramón J. Cárcano, el ex combatiente Carlos Enriori fue el encargado de abrir el dialogo. Tan cautivante como seria minutos después el relato de Victoria Montenegro, el “Colo” contó la guerra desde un lugar pocas veces escuchado, desde el lugar de la persona, de un chico de 18 años que en esos años apenas salía a la vida. Cicatrices de un tiempo que nos toca a todos, nada de otro mundo, aquí y ahora, ayer y hoy.
Espontaneo, sin restricciones y con la convicción de que las cosas son mejor contarlas que guardarlas el “Colo” compartió su historia y nadie pudo ser ajeno. “Con menos de cuarenta días de adiestramiento nos mandaron a la guerra, sin siquiera prepararnos… la historia, nuestra historia, todavía no fue contada. Pertenezco a la Clase 63, en febrero me incorporaron como Colimba, y en Abril, me destinaron a la Compañía C. Esta era una compañía con soldados de todo tipo, cocineros, mecánicos, choferes… al que veían caminando por ahí, y no tenía otro lugar, lo anotaban en la C… y así fueron armando los pelotones. Nos subieron a un camión, sin saber nunca donde íbamos… Algunos hablan de nosotros sin saber cómo hacerlo… los chicos, los soldados… no éramos ninguna de las dos cosas, éramos colimbas, estábamos ahí, porque habíamos sido obligados”. “Entramos en combate, después vino la rendición, y nos trasladaron a Argentina. Y nos largaron… Sin nada. Sin quiera preguntarnos que nos pasaba. Cada dos de abril, desde el ejército un vino, un asadito. Una pensión de cien pesos, solo nos dieron eso. Y después hasta el próximo dos de abril. Los militares fueron responsables de lo que pasó, y ojalá algún día puedan también juzgarlos por lo que pasó. Treinta años después, ni siquiera sabemos dónde mierda estamos parados ¿somos héroes? ¿Somos víctimas?”, continuó.
“Soldados de Chaco, de Corrientes, de Misiones, en una multitud tan diferente culturalmente, juntos de pronto, sin siquiera poder entenderse del todo… Pero no nos son ajenos… Hice una lista de todos los montecasereños que estuvimos en esa guerra, porque ahí, en esa lista, van a encontrarse con muchos vecinos, que ni siquiera lo cuenta. Son muchos los que no pueden cicatrizar lo suficiente. Nadie miró el sufrimiento y las heridas. A nadie le importó”.
Adentrándose más en los últimos años Enriori destacó “Iluminados por el Fuego fue una película que ayudó mucho, la publicación de libros también, pero todavía falta muchísimo para permitir que esas personas que están atrapadas en sus recuerdos puedan liberarse. En Darwin, treinta años después hay muchísimas tumbas sin nombres: Soldado Solo Reconocido por Dios ¿Qué mierda es eso? ¿Cómo es posible que se le pida a una madre que ponga la flor para su hijo en cualquier tumba? En ese cementerio se les dice a los familiares que no pidan el cuerpo de sus hijos, ¿Quién no quiere tener a su hijo en su pueblo?”
Casi desandando un camino de treinta años el “Colo” confesó sin remordimientos “Treinta años después no sabemos si somos héroes o si somos víctimas. No sabemos cuál fue nuestro lado. Ni siquiera una puntada se ha dado todavía para empezar a cerrar nuestra historia. Admiro a la Presidente que pone el tema Malvinas sobre la mesa. Creo que sus pasos son enormes, y creo que esos son los únicos capaces de recuperarlas. Nada puede justificar esa guerra, y no soy nadie para opinar sobre la Presidenta, pero aplaudo lo que está haciendo”.
Casi sin fuerzas, imposibilitado por la emoción que lo embargaba, Carlos no pudo seguir, atragantado de palabras que querían salir quiso tomarse un respiro, momento en el cual Victoria comenzó con su relato.
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