El lector podrá preguntarse si la foto está trucada, pero
lamentablemente la respuesta es que no.
Este era el color del agua “potable” que en el mediodía de este
miércoles 23 de abril vimos saliendo durante varias horas de las canillas de
nuestra vivienda, ubicada en Barrio Florida.
El mismo agua que se supone que, con confianza, utilicemos para cocinar, beber,
¿lavar?¿bañarnos?.. Se veía extraña hasta dentro del inodoro!!!
Esta vez el problema no debería ser algal (no hace calor, no
hay aguas estancadas, porque llovió recientemente…). Tampoco puede deberse a la
altura del río, que está promedio….
Pero, en definitiva, ¿adonde llegamos para evaluar ante una
situación así, nosotros, los consumidores, cuál podrá ser el problema? El
problema que tenemos es estar pagando un servicio deficiente, que provee un
bien esencial con aspecto claramente sospechoso.
Y, quizás el mayor problema, es que las preguntas, siempre
sin respuesta, continúe haciéndoselas el ciudadano, mientras que el proveedor
del servicio de provisión de agua potable no da explicaciones, ni resarce en
forma alguna a sus clientes ante las evidentes y recurrentes deficiencias que surgen en su prestación.
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