Cleto Ruíz Díaz, un correntino que tiene 36 años y 37 hijos,
decía uno de los muchos titulares de diarios del país, que hace unos 5 años
reflejaron la “noticia” del joven santaluceño y padre prolífico. Cleto Ruíz
Díaz se escuchaba en todas las radios, y a éste correntino se lo veía en las
pantallas de todo el país. Y del mundo. Cleto le dio incluso su nombre a una
ley nacional y la norma provincial de adhesión, que garantiza a todos los
hombres del territorio la posibilidad de realizarse, en forma gratuita en
hospitales públicos, la intervención quirúrgica denominada “vasectomía”.
Pero el tiempo pasó y parece que el olvido también le tocó a
Cleto. Sin embargo él sigue allí, en su humilde casa en Santa Lucía, a unos 194
kilómetros de la capital correntina. Con 50 años recién cumplidos, se alegra de
que El Litoral se comunique con él. Pero se queja del olvido de otros. “Se
olvidaron de mí”, dice casi con resignación. Es que allá por 2004, cuando su
realidad fue mostrada por los medios, funcionarios, políticos y dirigentes se
interesaron en el caso y ofrecieron ayuda. Algunos se acercaron. Pero “me
prometieron mucho y no cumplieron”, asegura Cleto que, sin entender demasiado
de qué se trataba pero confiando en la sugerencia de los especialistas, había decidido
operarse.
“Yo tenía que ir, pero justo en ese momento estaba mi hija
internada. Y su mamá estaba con ella en el hospital, y yo tenía que quedarme a
cuidar a los otros, no podía irme”, explica y recuerda el momento en que todo
estaba dispuesto para la vasectomía.
“Yo no pude en ese momento, y después, al final quedó todo
en la nada”, agrega Cleto hoy, algunos años después y con doce hijos más.
“Tengo 49 ya”, responde sonriente, con la alegría de un padre y sin demasiada
conciencia de lo que la paternidad representa. Hace 5 meses nació Thiago, el
último de los hijos que tiene con Isabel Franco; la mujer que hace casi dos
décadas lo acompaña. "El mayor (de los hijos que tiene con Isabel) tiene
21 años, pero está en Buenos Aires, y seis nomás viven con nosotros",
cuenta Cleto y con la ayuda de Isabel, recuerda los nombres y las edades de
Nahuel (12), Antonella (11), Nicolás (9), Cleto Ramón (6), Florencia (5) y
Dalma de un año y 10 meses.
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| Cleto, en el 2004, noticia internacional (*) |
Pero "cuando los veo me acuerdo bien de sus
nombres", aclara este padre que mantiene a sus hijos con lo que gana de
las "changas" particulares que hace ahora, hace un mes, tras quedar
desocupado. "Hago changas de albañil, de pintor. Y ahora que el tiempo
anda así (lluvioso), aprovecho para pescar y vender pescados", cuenta a El
Litoral.
Su mujer lo ayuda cuando puede. “Lava, plancha y cocina por
ahí, en algunas casas. Y cobra por los 7 hijos”, dice Cleto en relación al
subsidio nacional. Pero Isabel ahora no puede salir a trabajar porque debe
cuidar a Thiago, el más chiquito, que además de labios leporinos tiene tos
convulsa. “Tenemos que llevarlo a Corrientes, pero no tenemos plata para
irnos”, lamentan los padres y recuerdan que ya perdieron un turno el martes
pasado.
“Necesito que me ayuden para llevar a mi nene al hospital en
Corrientes”, pide Cleto y en su ruego aún quedan vestigios de confianza en las
personas, a pesar de que asegura que a él lo dejaron solo.
“A mi me abandonaron, se olvidaron todos”, reclama con enojo
y dolor. “Yo sigo siendo pobre y no me pude operar”, dice mientras lo rodean
los tres hijos que tuvo luego de que, gracias a su caso, se sancionara la ley
que posibilita hacerse la vasectomía.
“Yo me animo a operarme”, asegura también ahora Cleto. “Pero
tendría que hablar con mi señora, porque ya me engañaron mucho”, aclara de
inmediato, ante la consulta de El Litoral sobre la posibilidad de hacerse la
vasectomía. De todos modos Cleto renueva su promesa de “cerrar la fábrica”. Las
criaturas para mi son una felicidad, pero ya no más, éste es el último, asegura
con Thiago en brazos.
Así pasa sus días Cleto, en la casa en la que vive desde que
sus padres murieron. Pero no es mi casa nomás. También es de mis hermanos,
aclara rápidamente y menciona a los que viven en Santa Lucía, y a los que están
en Buenos Aires.
Allí, recibe a sus otros hijos. Incluso los que llegan de
Buenos Aires a visitarlo y mostrarle a sus nietos. Soy abuelo, dice con orgullo
Cleto pero no puede precisar de cuantos. “Pero en mi cumpleaños estuvieron
todos”, agrega con alegría.
“No se olviden de mi”, dice Cleto antes de despedirse de El
Litoral, y lo pide casi como un ruego.
Fuente: El Litoral
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