Hace un poquito más de cuarenta años, las muñecas
“articuladas” eran una novedad, un objeto de lujo, que marcaban lo sueños de
toda niña. Era el surgimiento de LA Barbie, que avanzaba abriéndose paso entre
las Cindys, otras muñecas que, decían las mamás eran IGUALITAS, pero que por
alguna razón –nunca explicada del todo- no tenían esa flexibilidad que les
permitía a las nuevas, doblar las rodillas, ese era el GRAN MISTERIO, que todos
queríamos develar.
Cuarenta años antes de eso, el sueño de los niñas era que
los Reyes dejaran en el zaguán una colorida bici, en vez del cochecito para
bebes- que en el mejor de los casos-, podría recibir, como elemento de
entrenamiento para LA tarea, que inexorable, les deparaba el destino. La muñeca
en ese entonces, podía ser, de PORCELANA, si uno tenía la suerte de tener, UNA.
PASA, CASI TODO, PASA…
En una u otra época somos .y seremos- sedientos consumidores
marcados por la evolución. El paso de la radio, cedido a la televisión. Del
mudo al sonoro. Del blanco y negro al color. Con control remoto. Con sonido
envolvente. Con subtitulado. Con
posibilidad de rebobinar y de grabar. Más delgado. Más poderoso. Más brillante.
¿Dónde deja esto a nuestro Museo? En ninguna parte. Es hoy
esa foto archivada entre un montón, guardada con amor dentro de una caja que se
mezcló con otras. Es la MISMA imagen de hace cuarenta años, valorada por
aquellos que pueden atesorar el rescate minucioso, el trabajo silencioso y las
horas dedicadas con pasión, a la promesa de poder contar la historia de ayer,
-y la de hoy-, con la mayor fidelidad posible, mañana.
El problema es que los niños de hoy no son los de hace
cuarenta (ni mucho menos ochenta), y encerrados en la valiosísima tecnología
que los rodea, no tienen más que un segundo para esperar la respuesta al click…
No
tienen más imaginación para buscar la respuesta que preguntando –sin moverse de
la misma silla- al que se encuentre más cerca…Los niños de hoy, nadie lo duda,
son nuestro futuro.
El Museo del Este se encuentra ubicado en un lugar que
alguna vez pudo considerarse imprudente para el desarrollo urbanístico, pero lo
cierto es que esta justo donde debería: en el corazón de la ciudad. Y desde
este lugar tan magnífico, desde donde se llega en pocos minutos a todas partes,
no logra salir de su lugar.
¿Por qué preocupa tanto el paso del tiempo? Porque si no
logra des atraparse de las tele arañas del tiempo nada de lo hecho tendrá
valor. Alguien recordará que alguna vez hubo, quedará algún vestigio en algún
recuerdo, pero será todo.
Este espacio precioso, atesora muchísimas historias para
contar y para imaginar, pero desde la Vieja Estación debe partir un nuevo tren,
cargado de nuevas miradas y renovadas
inquietudes; aquel que conecte, que llame a la puerta, que invite a pasar con
la misma fuerza que lo hace el ruidoso y saturado presente, comprendiendo que
no somos lo que nadie dice, sino aquello que relata nuestra pasado y a partir
de lo cual, cada uno de nosotros,
construye hacia el futuro.
Por Laura Maillet
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