El 17 de octubre de 1945, miles de hombres y mujeres,
provenientes de las clases humildes trabajadoras, comenzaron a marchar desde
distintos puntos del Conurbano Bonaerense hacia Plaza de Mayo. En forma
pacífica iban a reclamar que liberaran de su prisión política al entonces
coronel Juan Domingo Perón.
Tal vez ni siquiera ellos mismos eran plenamente conscientes
que estaban siendo protagonistas de un evento único, irrepetible, de esos que
son considerados cruciales para cualquier cambio de paradigma. Su esfuerzo, su
perseverancia, su convencimiento, terminaron por doblegar la férrea oposición
del régimen gobernante, que después de darse cuenta que no había fuerza más
invencible que la de un pueblo unido y convencido de sí mismo y de sus
posibilidades, decidió dejar en libertad a su líder.
Tanto amor, tanta entrega, tanto fervor en pos de defender a
aquél que consideraban su protector, podía englobarse en una sola palabra:
Lealtad.
Hoy, a 67 años del acto fundacional del Peronismo, quienes
hemos abrazado una doctrina política que más que eso es una forma de vida,
recordamos a aquellas mujeres y aquellos hombres que decidieron alzar su voz
después de tantos años de silencio, y que se asumieron como responsables de su
propio destino.
Nunca Argentina había visto semejante muestra de carácter y
de amor. Había nacido el Movimiento Nacional Justicialista y ya nada volvería a
ser igual que antes. Los que callaban, hablaron. Y ya nadie pudo tapar su voz.
En el Día de la Lealtad, quiero hacer llegar un gran abrazo a
todas las compañeras y todos los compañeros peronistas, y también por qué no, a
aquellos que sin compartir nuestra idea política trabajan por una Patria Justa,
Libre y Soberana. Para felicidad del pueblo, y grandeza de la Nación. (por
Jorge Cejas para Parlamentario)
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