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DEJAR DE SENTIRSE SOLO - Recuperar la confianza y volver a apostar a la Citricultura



En la mañana lluviosa del gris lunes, Mario Ojeda atraviesa el campo, como si alrededor no cayera la lluvia. El clima tiene para él esa naturalidad que para los que vivimos en contacto con tecnología y ciudad, pareciera estar prohibida.



Más allá del barro, se mueve con seguridad, para acercarse a los vehículos que se estacionaron frente al vivero donde se notan las largas horas de trabajo que puso y las muchas que proyecta todavía invertir.

Se mueve entre los senderos y reparte experiencia. Tiene y mucha. Pronto descubrimos que hace mucho que se dedica a la actividad, pero que todo lo sabido vuelve ahora para volcarse en esta nueva experiencia que significa producir bajo cubierta. Relata que había abandonado la actividad, que antes exigía contar con varias hectáreas para producir lo mismo y estar preocupado, pendiente de un clima que nunca se acomoda a ningún pronóstico.
 
Muestra orgulloso los canteros donde –en diferentes etapas de germinación- brotan las semillas certificadas de Trifolio y C Troyer. Se dirige luego al otro extremo del vivero, donde ya se encuentran dispuestas 3.200 plantas, recibiendo su riego por goteo. Calculó distancias óptimas para el diseño de los pasillos, que luego permitan trabajar. Pensó, y prueba, la composición de abonos que pudieran nutrir mejor las plantas, y también va experimentando, y comparte, la experiencia en cuanto a la dosis y períodos de riego en las distintas etapas de crecimiento. 

Es una experiencia totalmente nueva en la que todo lo aprendido a lo largo de la vida le sirve para desarrollar las técnicas que potencian su producción y que, espera, ayuden a los otros viveristas que también están incluidos en este programa. 

Retomó la actividad con este impulso, dispuesto a trabajar con empeño para desarrollar en un espacio –hoy todavía de 6 x 24- lo que antes le ocupaba 4 hectáreas y, consecuentemente, una exigencia física mucho más intensa. 

PARA NEOFITOS, COMO NOSOTROS…
Sus manos de toda una vida de trabajo, acarician con la suavidad de un pétalo las pequeñas hojas y tiene además la paciencia del maestro para explicar para quienes no saben de la actividad que estas plantas sembradas no son cítricas, sino que el proceso implica el trabajo con híbridos que en otra etapa, serán injertados con las yemas de la variedad que se pretenda producir.

Esta tarea permite, por una parte acelerar los tiempos para contar mucho antes con una planta en condiciones de producir. Por otra, este mismo árbol sirve, ante la necesidad o exigencia del mercado de contar con una variante diferente de cítrico, para ser objeto de un tratamiento que permita quitar su copa, reinsertar yemas de la variedad deseada y contar en forma rápida con un espécimen capaz de producir lo deseado.

En el 2014, relata Mario su vivero estará ya vendiendo los primeros plantines cítricos, certificados, tras haber pasado las distintas etapas de crecimiento, trasplante e injerto con las yemas certificadas que provengan como hasta el presente del INTA Concordia, o quizás, ya en una etapa posterior, del Banco Yemero que se encuentra en formación en Monte Caseros, en la Escuela Agrotécnica República de Venezuela, en el marco del mismo Programa de Reconversión Citrícola diseñado por la Municipalidad de la ciudad.







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