En todo el mundo y desde tiempos antiquísimos, en distintas
fechas, se celebra el Día de la Madre, un día de homenaje amor y celebración dedicado
a un rol, considerado originariamente obligatorio, “natural” y exclusivo, de
las mujeres.
Algo que, en el nuevo escenario de las familias, deberíamos empezar
a repensar.
Madre, ¿se nace o se hace?.... Creo que ni lo uno ni lo
otro, es una elección maravillosa que vierte parte de una vocación y se dispone
a trabajar en ella durante toda su vida, cueste lo que cueste.
Madre, ¿es una condición exclusiva de la mujer que a luz un
hijo? Definitivamente podemos ya decir que no. Más allá de las diferencias ideológicas
o religiosas que podamos tener, pensamos
con naturalidad en “madre” al ver el amor que un animal dispensa a sus
cachorros… Y valoramos aún más, cuando estos “naturalmente” no le son propios…
Madre parece ser, una condición que en un principio tuvo que
ver con la capacidad de concebir y de parir pero, todos sabemos, que lejos de
estas cuestiones meramente biológicas, no se es “madre” ni solo ni únicamente por
atravesar estas etapas.
La maternidad está en esa angustia que desgarra el alma por
un simple rasguño o una ligera y momentánea preocupación del hijo; en esa
impaciencia por re encontrarlo (mientras se imaginan un millón de situaciones
alarmantes casi imposibles!) cuando se atrasa apenas dos minutos de la hora en
que dijo que llegaría… Está en el pecho, henchido de orgullo, aguantándose las
ganas de gritar por el mundo ¡ese es mi pimpollo!
La maternidad es una larga lista de cosas superpuestas,
nunca terminadas, siempre adelantadas (de hecho incluso, nos estamos saludando
desde varios días antes!), que hacen a nuestros hijos repetir varias veces por día…
¡Terminalà ViejAAAA! Pero la cosa es que ahora, afortunadamente, también se
comparte. Y a veces, y ojalá cada vez más, lo que se escucha es ¡Terminalà
ViejOOOOOO!
Y es que el tiempo pasó, la familia cambió, y la maternidad no
tiene ABSOLUTAMENTE nada que ver ni con ser mujer, ni con haber parido. Las
familias tradicionales ya son las de antes, pero también las ensambladas, las
que surgen de la unión o del matrimonio igualitario, las que están compuestas
por dos, cinco, siete o uno solo, sin importar, sin que sea una condición EXCLUYENTE
ser mujer.
Ahí, donde hay amor. Donde hay alguien entregándose por
completo a otro. Dispuesto a resignar, sueño y sueños. Ahí, donde se crece
aprendiendo todos los días mientras se enseña. Donde la felicidad se vuelve 10
mil veces mejor cuando es compartida. Donde no existe ni trampa ni mentira. Ahí
donde se siente que el lugar es MI lugar, hay una familia. Y ordenándolo todo y
ocupándose de todo, una mamá o dos mamás, o uno o dos padres-madres.
Integrémoslos en la certeza de que ese amor es igual de
incondicional y de válido. Que es el sitio donde también están otras madres:
madres-hermanas; madres-abuelas; madres-tías; madres del corazón; madres
postizas…. Madres, capaces de hacerle gritar a tantos hijos ¡Terminalà
Mamaaaaaaaaà!.... El mejor certificado que se pueda tener de que se está
haciendo súper bien el trabajo.
Así que, en contra de costumbres y tradiciones que ya no
van, el saludo para este domingo es ¡Feliz Día de la Maternidad!!!
LA HISTORIA QUE HAY QUE CAMBIAR
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