Contentísimas, las hermanitas cantaban, bailaban y ensayaban
poses, mientras los adultos aguardábamos pacientes nuestra llegada a la
ventanilla para el pago de nuestras cuentas. “Este lío del carnaval… ¡y ellas
que cuentan los días! ¡No sé cómo explicarles que no sé si este sábado van a
bailar”, confió la mamá.
Y la verdad que ver ese entusiasmo tan puro contrastado con
la realidad tan crudo llevó a pensar en una fracción de segundo que era una
suerte no ser esa mamá. Ni ninguna de los otros cientos de chiquitos que quedarán
desilusionados y dolidos si las comparsas menores no les dan la oportunidad de
hacer lo que durante tanto tiempo esperaron.
Porque cuando uno es niño… una hora solamente… es una
cantidad de tiempo que no pasa nunca!!!
Y si la situación no cambia habrá que explicarles con amor que tan
infinita es una semana completa.
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