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CARNAVALES 2013 – La lluvia no se le animo al Ritmo de las Escuelas de Samba


Otra jornada agobiante fue la de este jueves 31 de enero, noche en que se realizaba el espectáculo que permite a público y jurados observar en detalle a figuras y miembros de la Escuela de Samba, puntuando además a músicos y Samba Enredos.


Con mucho calor, y una lluvia que en forma dispersa iba cayendo en los distintos puntos de Monte Caseros, todo había pasado ya para la tarde y los altavoces del Corsódromo marcaban con su ritmo la normalidad y vigencia del cronograma de show que preveía para esa misma noche la presentación de Escuelas de Samba.

Orfeito, Carunberacito y Alegría y luego Shangay, Juventud, Carun Berá y, cerrando Orfeo, dieron forma a un espectáculo desbordante de energía, ritmo y sensualidad. En este 2013, en el que el crecimiento de la fiesta es tan evidente, fue nuevamente prueba de ello, la modificación realizada que presentó un show no estático y que abandonando el antiguo ritual de presentarse sobre el escenario- se desplazó a lo largo de la cinta asfáltica del corsódromo de igual manera en que lo haría en una noche habitual de carnaval.


Esta determinación no fue sencilla de tomar, pero fue la más acertada ya que la cantidad de público volvió a superar las expectativas aún para este que siendo un show especial, es clásicamente de los más convocantes. Así fue como el público ubicado en las tribunas gratuitas –y en las mesas y sillas ofrecidas por cantinas en forma paga- prácticamente copo todo el largo del corsódromo.

Sin inconvenientes en la primera parte del espectáculo, las comparsas infantiles presentaron increíbles su brillo, lujo y elegancia, y el profesionalismo de sus pequeños músicos. Tras ellas pasaron también con mucho destaque Shangay y Juventud, siendo como siempre muy bienvenidas por el público en general.

La llegada de Carún Berá despertaba la pasión arraigada en el corazón de los carunchos y la desplegaba en cohetes, banderas, maquillajes, vestimenta, y todo cotillón imaginable (incluso se vió a un pequeño perrito caruncho, y a una panza –en avanzado estado de embarazo- proclamando su “carunchismo”). Con músicos con instrumentos también en la tribuna, coparon el pasillo central, al ritmo de su canto y a plena danza de espuma.

Un inconveniente con el sonido, sin embargo llevó a esta alegría al punto justo del otro extremo y comenzó a expresarse con algunos insultos, que pudieron haberse evitado ya que la organización y dirigentes rápidamente salieron a aclarar e intentar solucionar los inconvenientes.

Un paso radiante de la comparsa bicolor pareció haber dejado este humor oscuro muy detrás, en el fondo del olvido. Sin embargo al verse el retorno del carro se observó que lo que había ocurrido era en realidad grave, ya que debió ser llevado literalmente alzado para que pudiera desandar el camino, rota unas de sus ruedas.

Esto llevó a una demora, que en vez de prolongar la alegría puso nuevamente en boca de la hinchada cantos pero no de alegría sino de hostilidad hacia su natural competencia: Orfeo. Aun cuando sus primeras figuras se presentaron impecables, haciendo caso ajeno con sus sonrisas, actitud y baile a las demoras, debieron enfrentar un injusto trato por parte de la numerosa hinchada bicolor de cuyo centro continuaban saliendo canticos adversos hacia la comparsa que completaba con total dignidad y altura su pasaje.

Esto la verdad dio un poco de tristeza ya que la competencia, si bien es real, no debe ir más allá del buscar superarse a uno mismo. Y menos justo parece cuando quienes llevaban adelante esta acción saben claramente del esfuerzo y del trabajo que implica participar de una comparsa.

El aplauso y el reconocimiento deben ser para todos. Y si se considera que no es lo que se siente en el momento, siempre hay otras opciones: gritar el nombre de la comparsa con la que uno se identifica, continuar ondeando su bandera, mirar en silencio, o retirarse. Pero no parece justo usar ese tiempo que corresponde sea de brillo para la agrupación que fue respetuosa con el pasaje del resto, para buscar herir, degradar e insultar.

Gustos y pasiones, son visiones propias, pero el respeto al igual, al compañero, sin importar que colores vista, debiera ser una cuestión esencial que cuando falte sea corregida de inmediata por el comentario de quien se encuentre de uno y otro lado, al frente y detrás del que se está desubicando.

Como no eran todos, y como sabemos que son poderosos, brillantes e inteligentes, les ponemos fichas para que esta cuestión no vuelva a repetirse. Porque el carnaval nunca sería lo mismo con una comparsa o con una hinchada menos. Y porque la pasión esta buena, pero no hay que dejar que se desborde.

Esta vez, el aguante pleno a la gente de Orfeo, que se banco el mal trance, y también el aguante a la hinchada de Carun Bera, que seguramente volverá a mostrarnos su mejor cara en las noches siguientes, porque para nada requiere de esta forma de expresión para ser más competitiva: ya lo tiene todo.


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