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TESTIMONIO: EL SILENCIO DE UN GRITO DESGARRADOR –Transitar una vida, sin tener más que mentiras




Pablo Javier Altamirano es el nieto restituido número 106. Su figura delgada, acompaña la fragilidad que envuelve su mirada, y que acompaña un relato que es solo el principio del largo camino que le queda por recorrer hasta aprender a convivir con la historia que lo marca, y de la que recién comienza a tener verdadera noción de lo que implica.



Relata casi en voz baja que su identidad la recuperó hace menos de un año, el 1º de agosto del 2012, tras atravesar un período de diez años de preguntarse quién era, inmerso en un proceso de dudas e inquietudes tan dolorosas que no podían ser evadidas aun cuando pusiera en ello su máximo esfuerzo. 


“Nunca hable con nadie de lo que sentía, ni con un amigo, ni con una novia. Me sabía adoptado porque esta situación había sido admitida por mis padres de crianza, pero la cercanía familiar de un militar fue lo que sembró la sospecha de que pudiera ser familiar de desaparecidos”, cuenta repasando una historia que se evidencia le resulta aun sumamente dolorosa.


Del mismo modo, mirando hacia su interior, y transitando esos recuerdos aun sumamente vívidos, su historia llega a ese momento en que señala a su madre de crianza que siente la necesidad de acercarse a Abuelas para ratificar su origen. “Ella llora de inmediato, mientras me pide… mejor no…mejor no…Fue un momento de absoluta claridad y de una profunda tristeza.  Llegaron luego cuatro años en que buscaba en cada foto de las mujeres desaparecidas algún rasgo físico que me permitiera saber cuál era mi madre… un proceso en el que finalmente pude avanzar llegando a Abuelas, pidiendo una entrevista y aceptando la realización de una extracción para comparación de ADN”.


“Después me llamaron de CONADEP – Comisión Nacional para los Desaparecidos-, deje de ser quien nunca había sido, Leandro. Volví a ser Pablo Gaona Miranda , encontrándome con esas fotos , de una calidad muy mala, pero que me traían finalmente, a mis padres.  Fue un día muy especial.  De sensaciones encontradas. Por un lado, tenía la confirmación de que nunca iba a poder conocer a mis padres, también la de que aquellos que me criaron me mintieron siempre, toda mi vida. También hubo algo maravilloso: encontrar la verdad, y desde allí poder construir mi historia, sabiendo que había sido robado, cuando me secuestraron, con mis padres, con tan solo un mes de vida”,  señaló con la convicción y el dolor vivo de todo lo que esto implica.


“Lo importante es tomar conciencia de todo el daño, la crueldad terrible que no se compara ni con los peores genocidios y por eso es tan importante este recordatorio sobre Memoria, Verdad, Justicia, para que nunca vuelvan a repetirse historias tan terribles”, concluyó.



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