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A 31 AÑOS: Otra impactante historia del conflicto del Atlántico Sur






Siempre de acuerdo a su relato, tras el conflicto retornó a su natal provincia de Corrientes para seguir trabajando en distintos establecimientos rurales, actividad que luego lo trajo a Entre Ríos para seguir ganándose el jornal hasta que los dolores en su columna se lo permitieron. Desde entonces sobrevive juntando basura para reciclar y de la caridad de los vecinos de la Villa Gobernador Cresto, como así también de una hija que vive en las cercanías. “Pero yo no quiero molestar, quiero estar solo con lo mío” explica. 


 

En diálogo con Diario Río Uruguay afirmó que “de la guerra no me gusta hablar porque es algo que me revuelve la cabeza” y que se había traído “un cuchillo como una bayoneta de recuerdo, pero después la vendí”. En caso de confirmarse la veracidad de su historia se estaría ante una víctima más de la etapa de desmalvinización con la que se intentó olvidar a esa etapa de la historia y a sus verdaderos héroes. 

Cuando el cronista de Diario Río Uruguay llega hasta el descampado en el extremo oeste de la ciudad de Concordia lo encuentra a Pedro Celestino reacostado sobre el resto de una gomaespuma que alguna vez fue un colchón. Allí no hay nada, ni una tapera. Solo un par de palmeras que hacen de techo para cubrirlo del sol y el frío de la noche. 

Sabe que sus vecinos dieron aviso para que los medios se hicieran eco de la situación que atraviesa un hombre que asegura ser Veterano de Malvinas, ya que le tocó realizar el Servicio Militar Obligatorio como a toda la clase 1962 y posteriormente ser citado junto a otros efectivos l para dirigirse a la Isla Soledad, para defender un Puerto Argentino que estaba a punto de caer bajo la ofensiva británica. 


Aguilar es un hombre de expresión acotada, pero recuerda que “tenía 18 años y pertenecía al Regimiento 9 (Coronel Pagola, con asiento en la ciudad de Corrientes) y nos mandaron a los tres días que el Papa (Juan Pablo) pidió un alto el fuego”. A manera de disculpa señala que del conflicto “no me gusta igual hablar mucho, porque me empieza a revolver la mente”, igualmente enumera que “después que cruzamos a Puerto Argentino estuvimos mucho en batalla”, pero con mejor suerte que correntinos que lo antecedieron, “porque los primeros que fueron no volvieron más”.


En el medio del relato se levanta su remera para mostrar un par de cicatrices sobre su abdomen, y las adjudica a que en combate “tiraron una granada y algunas esquirlas me tocaron, pero por suerte me taparon las bolsas de arena”, con las que se edificaban las trincheras. Por otro lado recuerda que “lo único que me traje fue un cuchillo bayoneta (con vaina) de cuero y con la hebilla. Pero después la vendí”. 


Aguilar no solo quiere recordar el conflicto armando, “tampoco quiero que se vuelva a hacer esa guerra, porque se hacen matar a los hijos ajenos nomas”. Y sin estar al tanto de las últimas novedades internacionales lanza: “Y a esa vieja de la Tatcher si yo la agarro le cortó la cabeza”. 


Después de finalizado el conflicto del Atlántico Sur, como tantos soldados correntinos retornó a las tareas agropecuarias a las que ya de dedicaba de adolescente y fundamentalmente a la novia que lo esperaba. “Me volví a mis pagos a trabajar a la estancia, pero después falleció mi mujer y ahí se me pudrió todo”, grafica con cruda simpleza. De allí en más y a cargo de sus hijos recorrió diversos establecimiento rurales “quintas, estancias y montes”, pero una dolor de espalda le impidió desde hace algunos años seguir realizando esfuerzos físicos. 


Desde entonces, “salgo a juntar plástico y lo vendo, cocinamos acá”, valorando la solidaridad de la gente de la zona porque “algunos vecinos nos traen también para comer y si hay algún trabajo lo hago”. Allí admitió que una hija vive en los alrededores, y si bien subrayó que “me tratan bien todos”, insistió en que “quiero estar solo y no estar molestando”. 

Consultado por último sobre si en alguna ocasión escuchó de los derechos que le asisten como ex combatiente, respondió que “la Presidenta del barrio me dijo de eso, pero teníamos que mandar papeles para acá, para allá, para Buenos Aires. Y para eso me muero de viejo no más”, dijo resignado. 


En la mañana de este martes, Aguilar fue visitado por personal municipal dependiente de la Dirección de Desarrollo Social, quienes lo asistieron primeramente con elementos indispensables a todo ser humano como comida y ropa, y que tenían previsto ponerlo en contacto con los integrantes del Centro de Ex Combatientes de Malvinas Concordia, para que se verifique si efectivamente se está ante una personas que habría integrado las fuerzas argentinas que combatieron por la soberanía del archipiélago en el Atlántico Sur.


 







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