Son cuatro de las primeras once inscriptas en las últimas
dos armas que les estaban vedadas: Caballería e Infantería. Dicen que no
existen diferencias con el personal masculino, y convocan a más chicas para que
se animen a entrar.
A sus compañeras las llaman "camaradas". Repiten
la frase "piel de gallina" cada vez que hablan de la Patria, los
himnos o el uniforme. No se explican por qué el género femenino tenía
restringida la entrada a algunas especializaciones del Ejército, pero están
contentas por ser las primeras mujeres en inscribirse en las últimas dos armas
que les estaban vedadas: Caballería e Infantería.
La posibilidad había sido planteada por la presidenta
Cristina Fernández de Kirchner a fines de 2011, cuando encabezó el egreso
conjunto de oficiales en el Colegio Militar. "Tal vez tengamos, en un no
demasiado largo tiempo, una general que pertenezca al arma de Caballería o a la
de Infantería. Es necesario que las mujeres tengamos la más amplia
participación. Sobre todo cuando la comandante en jefe de las Fuerzas Armadas
es una mujer, resulta casi una paradoja que ciudadanas no pudieran ingresar a
determinadas armas solamente por su condición de género", dijo la
mandataria en aquel discurso.
Tras esas declaraciones, el jefe del Estado Mayor
General del Ejército, Teniente General Luis Alberto Pozzi, firmó la Resolución
1143/11, que indica que todo el personal, sin distinción de género, podrá
ingresar con igualdad de oportunidades a todos los escalafones de la estructura
del Ejército Argentino, incluyendo las armas de combate cercano a las que se
refería la presidenta. En la Fuerza Aérea y en la Marina, las mujeres ya tenían
las puertas abiertas.
A lo largo de 2012 hubo una capacitación entre los
cadetes del Colegio Militar que iban a pasar a segundo año, y con ellos se hizo
una "sensibilización", para concientizar sobre la equidad de género.
Se les consultó, de forma anónima, si tenían inconvenientes con esta apertura.
La mayoría respondió que no y, el 13 de febrero, por primera vez, las cadetes
de segundo año pudieron elegir su especialización sin restricciones: seis de
ellas entraron a Caballería, y cinco a Infantería.
UNA POLÍTICA DE CAMBIOS PAULATINOS
Malena Derdoy, directora de Políticas de Género de la
Dirección Nacional de Derechos Humanos del Ministerio de Defensa, explicó a
Tiempo Argentino cómo se trabajó en la apertura del Ejército. "Hasta 1983,
ninguna fuerza se había abierto a las mujeres. Eso da cuenta de que a lo largo
de los últimos 30 años hubo un proceso de democratización de las Fuerzas
Armadas. Las políticas de género están inmersas en esa etapa. Es un camino que
se está haciendo de manera paulatina. Al menos ya no hay obstáculos
formales", detalló.
Sobre otras modificaciones que se realizaron en la fuerza en
estos años, Derdoy puntualizó: "Se implementó la licencia de diez días
hábiles para los padres. Además, en las primeras recorridas que hicimos, vimos
mujeres que estaban de guardia con ocho meses de embarazo. No era mala
voluntad, era desconocimiento. Ahora cambió. También se hicieron jardines en
los ámbitos militares. En el listado de la asignación de viviendas, la
prioridad eran las madres solteras. Después agregamos a los padres solteros,
porque los hay. Todo eso hace al fomento de la paternidad responsable".
Y
subrayó: "También se trabajó con el concepto de la masculinidad. Hace unos
años, no se podían casar un oficial y
un suboficial. Ahora no sólo está permitido, sino que pueden ser del mismo
sexo". Infonews, Tiempo Argentino.
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