Un grupo de mujeres entró en la historia al participar como
voluntarias en la guerra que Argentina mantuvo con Inglaterra por las Islas
Malvinas, conocé a las heroicas muchachas que formaron parte del cuerpo médico
del Ejército Argentino. María Cecilia Ricchieri, Susana Mazza, Silvia Barrera,
María Marta Lemme y María Angélica Sendes, las cinco enfermeras que estuvieron
viajando en el Almirante Irízar fueron condecoradas como veteranas de guerra, y
se convirtieron en las primeras mujeres en conseguir la distinción después de
Juana de Azurduy.
Un total de 40 personas con entrenamiento médico estuvieron
atendiendo a los pacientes, y dentro de ese número se inscribieron estas cinco
chicas. Silvia Barrera es la mujer en actividad más decorada del Ejército y
sostuvo: "La tarde del 7 de junio me avisaron que teníamos que salir. Yo
tenía un novio que era médico militar y no lo habían aceptado para ir, así que
me dijo que yo tampoco podía. Le di un beso y me despedí. Tenía 21 años, y me
acuerdo que una de las cosas que hice antes de preparar el bolso fue cortarme
el pelo, porque me llegaba a la cintura. Nadie era consciente de lo que
teníamos por delante, por más que nos lo advirtieron".
Como las mujeres tenían prohibido el ingreso a las Fuerzas
Armadas, no tenía ropa adecuada y viajaron en un avión de Aerolíneas Argentinas
hacia Río Gallegos. "El problema es que el resto del mundo no sabía que
llegábamos. Estaban absolutamente sorprendidos todos. Ni el Ejército ni ninguna
fuerza estaban preparados para tener mujeres, recién hace unos pocos años se
admitió. Menos mal que nos encontramos con un médico que trabajaba acá, que nos
llevó en un jeep al hospital de Gallegos, a ver si el director del hospital
había sido notificado de nuestra llegada. Tampoco. Recién en el comando
logístico nos dieron camperas y ropa de abrigo, que igual nos quedaba un poco
grande, aunque no tanto porque la gente del sur tiende a no ser tan amplia en
tamaño como los porteños"; manifestó Barrera, al diario Democracia.
"Cuando aterrizamos en el buque, te imaginás la
sorpresa de toda la tripulación y del capitán, porque tampoco les habían
avisado que viajábamos. Para acomodarnos usaron dos camarotes de los oficiales
y ellos durmieron con la tropa. Lo primero que hicieron los marinos cuando nos
vieron, porque aseguran que las mujeres en los barcos son mala suerte, fue
hacer un simulacro de hundimiento, para asustarnos y mostrarnos dónde
estábamos"; agregó, para luego señalar: "Todo el viaje fue un
compendio de discriminación, pero estábamos muy decididas. El buque estaba
espectacularmente preparado como buque hospital, con equipo de mejor tecnología
que la que había en el hospital militar".
"A Malvinas llegamos en la noche del 10 de junio,
cuando los ingleses habían redoblado los bombardeos porque se venía el asalto
final. Después diseñamos el sistema para clasificarlos, y repartimos las salas
donde iba a estar cada una y a mí me tocó terapia intensiva"; destacó
Barrera. "Cuando se firmó la rendición, desde los soldados más jóvenes al
oficial más formado lloraban todos. Nosotros habíamos ido con la misma
expectativa que se viví acá. Se sabía que era difícil, pero cuando uno escucha
esa noticia igual le toca algo muy profundo. Sabíamos que el ataque era de
ellos, y que veníamos en retirada, pero igual nos tomó por sorpresa";
declaró.
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