Después de esta sesión maratónica – 21 horas sin interrupciones, sin levantarnos, sin movernos del recinto – puedo quedarme tranquila porque a pesar de las presiones, los gritos, las cadenas de mails, los intentos de amedrentarnos y los carteles en las calles que transferían todo este ejercicio democrático a la decisión de 12 compañeros y compañeras, pudimos hacer valer la voluntad popular de nuestros votantes.
A nadie escapa, y a mí tampoco, que cualquier modificación a la Justicia, por más pequeña que sea, causa temor, porque enseguida se piensa que se podría poner en juego el delicado sistema de pesos y contrapesos que la Constitución Republicana otorga a los tres poderes, con el objetivo de que cada uno de ellos pueda velar por la actuación democrática de los demás. Sin embargo, velar no significa impedir el funcionamiento propio y constitucional de cada poder, y es por eso mismo que la propia Constitución otorga la posibilidad de que, con mayorías especiales, se puedan modificar ciertos aspectos del Poder Judicial.
Me parece que en abril de 2013 a nadie debería escapársele el hecho de que, muchas veces, la voluntad de algunos jueces no va solo en contra de lo que dictan los otros poderes, sino que va en contra hasta del sentido común. ¿Ya nos olvidamos de lo que pasó con Marita Verón? Los tres jueces que debían condenar a quienes la secuestraron, la separaron de su hija y de su familia, la drogaron, la prostituyeron y la mataron, además de desaparecer sus restos, terminaron revictimizando a las testigos, a chicas que habían sufrido el mismo tormento que Marita y que sin embargo, luego de ser rescatadas, accedieron a testificar para encerrar a los causantes de su tormento. Los jueces tienen que proteger y cuidar a los testigos, no atacar y ningunear a personas a las que el Estado no pudo ayudar en el momento oportuno.
Hoy esos jueces están tratando de evadir la voluntad de los otros poderes del estado, que es la de iniciarles un juicio político para determinar si hubo o no negligencia en este caso.
Recientemente tuvimos el caso de Marina y Aylen Jara, terrible, estuvieron dos años presas por haberse defendido de un abusador que las apuntó con un arma de fuego. Y cuando la justicia tuvo la oportunidad de disculparse y subsanarles los dos años que las tuvo presas, decidió condenarlas por lesiones graves y dejar libre al atacante y abusador.
Y así podemos seguir. ¿Se acuerdan de Wanda Taddei? A su asesino se le redujo la pena por encontrarse en un momento de “emoción violenta”. Este caso ya atravesó el mundo como ejemplo de justicia sexista, discriminatoria y falta de enfoque de género.
Pienso que hay que hacer el ejercicio, democrático, de preguntarnos porque nos da tanto miedo o rechazo imaginar que la Justicia también se tiene que ir aggiornando. Todos tenemos que ir evolucionando y adaptándonos a los cambios que se producen en los pueblos y en las sociedades, y en el caso argentino, la Justicia en muchos casos se estuvo quedando atrás.
Yo tengo la conciencia tranquila, porque la Corte Suprema se expidió y nosotros realizamos las modificaciones que nos pidieron, de modo de no entorpecer el funcionamiento de un poder que queremos que a partir de ahora se maneje mejor y más rápido, que no obstaculice y que no siga generándonos casos lamentables como los de Marita, Marina, Aylén.
Maria Elena Chien
Diputada Nacional por Corrientes FPV
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