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| Plaza de Mayo, festejos 2013 |
Imaginemos un día nublado y medio lluvioso, de esos que son
tan frecuentes en el otoño porteño. Imaginemos que un vecino resuelve pasarlo
junto al río, pescando. Con sábalo o algún bagre, a la tardecita regresa a su
casa. Su mujer le pregunta si trae alguna noticia, si vio algo novedoso. El
hombre le dice que no: todo lo que hizo fue tirar la línea en las toscas. Ese
día podría haber sido el 25 de Mayo de 1810 y ese porteño pudo haber sido uno
de los tantos que no se enteró de nada de lo que ocurrió en aquella jornada.
El cabildo abierto del 22 de mayo reunió a menos de
quinientos vecinos y Buenos Aires tenía, en ese momento casi 40.000 habitantes.
Es decir que sólo el 1 por ciento de la población participó de aquella
trascendental reunión en la que se asentaron las bases conceptuales y jurídicas
que fundamentarían el relevo del virrey y su reemplazo por una junta designada
–o más bien, asentida– por el pueblo. Es probable, entonces, que la asamblea reunida
más o menos tumultuosamente frente al Cabildo en la mañana del 25 de Mayo, no
haya tenido un rating muy superior: 1000 o 1500 vecinos, como máximo. Nuestro
pescador habría formado parte, pues, de la enorme mayoría que nada tuvo que ver
con la transición del sistema colonial a un régimen nuevo, implícitamente
comprometido con la independencia de estas tierras.
Naturalmente, la escasez de participación popular no resta
al 25 de Mayo la enorme importancia que tuvo, por varios motivos. En primer
lugar, deponer a un representante del rey y reemplazarlo por un cuerpo
colegiado era algo insólito y atrevido aunque Cisneros no representara al
monarca español sino al organismo que gobernaba en España a su nombre, en vista
de la cautividad de Fernando VII.Y aunque esta fuera, en realidad, la segunda
oportunidad en que ocurría un hecho como este en Buenos Aires, pues cuatro años
atrás una pueblada había exigido la deposición de Sobremonte por su
incompetencia y cobardía frente a la invasión inglesa. Pero en 1806 esa
verdadera revolución paso casi inadvertida entre las luchas por la Reconquista;
ahora, en 1810, el derrocamiento del virrey era el resultado de un tranquilo y
racional debate entre unos pocos vecinos, "la parte más sana y
principal" de la capital del virreinato.
En segundo lugar, lo que ocurrió el 25 de Mayo fue muy
importante porque de algún modo significó la presencia activa de los militares
criollos en el proceso político. Las milicias populares que se habían levantado
en Buenos Aires desde 1806 estaban compuestas por criollos y por españoles,
divididos en regimientos según sus lugares de origen. Pero en esos cuatro años
se habían vivido procesos muy diferentes en los cuerpos peninsulares y en los criollos.
Aquéllos estaban integrados por comerciantes y artesanos, para quienes el
oficio de las armas era una molestia; los criollos, en cambio, por ser pobres, se
habían tomado muy en serio sus nuevas profesiones de soldados, vivían de sus
sueldos y raciones y concurrían puntualmente a los ejercicios.
En poco tiempo
adquirieron una capacidad de fuego temible y esta superioridad se vio en enero
de 1809, cuando Liniers reprimió fácilmente, con su ayuda, el conato de golpe
organizado por el alcalde Alzaga. Ahora, en mayo de 1810, fueron los Patricios
quienes hicieron la guardia de la Plaza, dejando entrar a los adictos y
rechazando suavemente a los adversarios. Los "fierros" los tenían los
regimientos criollos y esta circunstancia fue decisiva para apurar el derrocamiento
del virrey Cisneros.
Y una tercera circunstancia notable: tanto en la reunión
abierta del 22 como en el compromiso adquirido el 25 de Mayo por los
componentes de la Junta, se dejó claramente sentada la necesidad de convocar a
los representantes del pueblo de las restantes ciudades del virreinato para que
homologaran lo decidido por el de Buenos Aires. Si éste había obrado como lo
hizo era por razones de urgencia, como "hermana mayor" –según dijo
Paso_. Pero se reconocía la necesidad de que un paso tan trascendente quedara
avalado por el pueblo del virreinato.Y en este reconocimiento venía implícita
la idea de federalismo y también la noción de la integridad del virreinato.
De nada de esto, claro está, pudo enterarse el vecino que en
la tarde de esa jornada regresó a su casa con un par de pescados colgando de su
hombro...
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Pero seguramente tardó muy poco tiempo en advertir que lo
sucedido ese día también involucraba su propia vida. Porque de comienzos tan
triviales como el de esta revolución burguesa y municipal, pueden venir
consecuencias tan drásticas como la que conlleva la creación de una nueva
Nación.
Nada más ni nada menos.
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