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NIETO RECUPERADO ”Abogaban por Salvarnos del Infierno”

Francisco Madariaga, nieto  recuperado nr. 101, se presentó este martes 21 de mayo en la Casa de la Historia y la Cultura del Bicentenario de Monte Caseros. En Mesa Redonda compartió la vívida y cruel historia que desgarró un país intentando acallarlo.

 
Empleados del Banco Nación Argentina realizaban en horas de la mañana la presentación de esta visita a la ciudad que se realiza acompañando la muestra “Banco Nación dice Presente”, relacionando todo lo que la Dictadura Militar implicó en nuestro país, y el modo en que sus consecuencias aún se encuentran presentes como cicatrices que no podrán sanar jamás.
 

En el marco de la investigación realizada por los empleados de la entidad bancaria, se dio con que dos hijos de pares desaparecidos habían sido exitosamente encontrados por Abuelas. Uno de ellos, fue Francisco Madariaga Quintela, nieto recuperado 101, quien llegó a Monte Caseros para revivir su historia.

Francisco contó así ser fruto de la unión de Silvia Quintela, médica cirujana desaparecida cuando cursaba el cuarto mes de embarazo, retenida contra su voluntad en el centro denominado El Campito, lugar donde por cesárea se producía su nacimiento. Su padre, Abel Madariaga, actual secretario de Abuelas, recluido en el exilio, logró salvar su vida. 

Fue apropiado por Víctor Alejandro Gallo, capitán del Batallón de Inteligencia 601, carapintada, delincuente de fuste, que llegó a gatillarle en la cabeza. “Era su juguete de guerra”, resume. En medio de una familia disfuncional, claramente rodeado de violencia física y psicológica, creció en un marco anormal, donde quien decía su padre, lo castigaba a diario, con su uniforme militar puesto, provocando esto a su vez, que quien decía ser su madre infligiera iguales injustos castigos a los hijos biológicos de ambos.

“Todo se justificaba en el afán que tenían por Salvarnos del Infierno. Ese era su móvil, su razón, su justificación. Cuando el infierno eran ellos mismos. La educación fue siempre contraria, opuesta a todo el diferente y a todo el que pensara diferente. Nosotros, en lugar de  escuchar Los Parchís, éramos obligados como niños a cantar marchas militares”, resumió. 

A sus catorce años los apropiadores se divorciaron, la mujer incluso termina recluida en una institución neuropsiquiatría, pero eso no detiene la violencia. Esta se eleva, se potencia, y acaba impulsando a Francisco a cargar una mochila y abandonar la casa familiar, aun cuando la alternativa implicaba vivir en la calle.

“Me convertí en artista callejero, pero salve mi vida. Por primera vez me sentí feliz. La violencia siguió.  Luego con la música, con el crecimiento, llegaron la dudas sobre mi identidad, pero transcurrió un largo tiempo hasta que pude resolver el abordaje, asumir que no me sentía parte de esa familia, ni de sus pensamientos, ni de sus creencias: entender que era necesario saber quién era yo”, relató con valentía.

Acercarse a Abuelas le permitió recobrar su historia, y además conocer a su padre, Abel, secretario de Abuelas desde 1983. “Es un regalo de la vida que alguien te cuente tu historia. Hay que pelear por la verdad. Quien busca, encuentra”, enfatizó, instando a los cientos de jovenes alumnos de escuelas secundarias de Monte Caseros que compartìan en silencio su relato, a ir siempre detràs de su verdad.



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