La Diputada María Elena Chieno, (desde su rol de
Presidenta de la Comisión de Acción Social y Salud Pública), presentó esta
semana un proyecto de resolución y otro de ley, que busca agilizar la
presentación en sociedad de la vacuna contra el mal de Chagas, investigación
nacional en curso y con muy buenos resultados obtenidos.
Ambos proyectos tienen el objetivo de solicitar al Poder
Ejecutivo que a través de la Agencia Nacional de Promoción Científica y
Tecnológica, organismo nacional dependiente del Ministerio de Ciencia,
Tecnología e Innovación Productiva (dedicado a promover el financiamiento de
proyectos tendientes a mejorar las condiciones sociales, económicas y
culturales en la Argentina), o por intermedio de los Programas de Fondos
FONARSEC o FONTAC asigne los recursos necesarios para el desarrollo y la
producción de una vacuna contra la enfermedad de Chagas.
La enfermedad es producida por el parásito
Trypanosoma cruzi, y afecta a poblaciones semirurales y rurales que habitan las
tierras cálidas de América Latina. Las estimaciones señalan que 20
millones de latinoamericanos la padecen y en nuestro país
aproximadamente 4
millones de personas se encuentran infectadas. Este mal puede ocasionar un gran
perjuicio a sus portadores, debido a lesiones del corazón y de otros órganos
vitales. El número anual de nuevos casos debido a la transmisión vectorial
asciende a 41.200 y el de Chagas congénito a 14.385 por año. Estas cifras
convierten a la enfermedad de Chagas en uno de los problemas de salud pública
más graves de toda Latinoamérica.
Argentina lidera las investigaciones en pos del
desarrollo de una vacuna y en la producción de fármacos para el tratamiento del
Chagas en toda América Latina. Hasta el momento las iniciativas
científicas en nuestro país avanzaron exitosamente en el desarrollo de un
prototipo de vacuna (en base a lípidos extraídos de arquibacterias no
patógenas, del género Halorubrum, procedentes de la Patagonia) que ha mostrado
gran eficacia en las pruebas en roedores. Sin embargo, para completar los
estudios de seguridad y eficacia que certifiquen la aplicación en humanos, se
hace indispensable la inversión efectiva de recursos. Considero una paradoja
que teniendo los recursos humanos con la altísima capacitación científica que
requieren estos procedimientos, la falta de recursos económicos obstaculicen su
pleno desarrollo tecnológico.
Los números de expediente de los mismos son D-6856-13 y
D-6857-13, y responden a un pedido que me hicieranlos mismos científicos que se
encuentran trabajando en la vacuna.
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