Entre las numerosas historias de heroísmo y gallardía,
incluso destacadas por los soldados ingleses hasta la actualidad, es meritoria
la gesta de los soldados del Regimiento de Infantería Nº 4 de Monte Caseros, en
Corrientes. Ese regimiento fue formado como Patricios antes incluso de la
nación Argentina. En Malvinas, los soldados lograron proteger su enseña de
guerra aún cuando el ejercido claudicó ante el invasor inglés.
El misionero Luis Duran fue uno de los numerosos soldados de
la tierra roja que conformó este Regimiento y aún lo recuerda como uno de los
momentos más importantes de su vida.
"Cuando una bandera se pierde en guerra, no se repone,
se reconquista", es una enseñanza que los soldados saben bien. Por ello en
el frente de batalla cuando veían que el enemigo era superior y la derrota se
acercaba, comenzaron a buscar la forma de proteger la enseña patria que los
guiaba en combate.
Duran recuerda que era “mecánico armero y tengo el orgullo
de decir que participé en el Regimiento de Infantería Nº4 que tiene historia y
trayectoria porque participó en todas las batalles que tuvo la Argentina, antes
de ser país y luego ya como nación”. Por eso la importancia de la bandera de
guerra, que es un trofeo muy deseado.
Recordó que un soldado Inglés al saber que luchó contra el
Regimiento Nº 4 se emocionó tanto que escribió un libro sobre los combates.
Sobre el momento de la rendición el 14 de junio de 1982,
Duran indicó que “la bandera de guerra del 4 de infantería que estuvo en el
frente de batalla en el monte Harriet, volvió al continente y está hoy en el
museo del Regimiento en Monte Caseros”.
Explicó que “es lo máximo que uno puede entregar, uno puede
entregar el arma, la vida, pero no la bandera”. Cuando se rinde el Ejército,
son trasladados a Puerto Argentino, donde los soldados buscaron la forma de
sacarla de las islas en el yeso del soldado misionero Eduardo González, oriundo
de San Pedro, que había recibido una lesión en la espalda.
Al ver que esta no era la solución, deciden darle la bandera
al sacerdote Vicente Martínez Torrens, que era uno de los capellanes del
Ejército. El sacerdote la puede sacar en un paquete que envolvía la bandera, la
cuja y una Biblia. Su condición de sacerdote le permitió pasar desapercibido
entre las requisas del ejército Inglés que andaba tras la enseña patria.
El cura Martínez, se escabulló entre las tropas inglesas,
tres días después de la rendición, llevando sus notas minuciosamente foliadas y
un archivo con la lista de las 326 bajas argentinas.
El sacerdote Torres pudo abordar uno de los aviones hacia
Río Gallegos, donde entregó la enseña al jefe del regimiento. Allí luego de
muchas deliberaciones se decide que el sacerdote sea el que lleve la bandera
hasta la sede del Regimiento, donde llego luego de cuatro largos meses.
En Monte Caseros hizo entrega de la bandera del Regimiento
de Infantería 4, formado ante él, solamente con el asta desnuda de bandera.
Este fue el encargo que le diera aquel soldado argentino, aquél que sabía que
los ingleses buscaban los banderines de los regimientos argentinos, para poder
canjearlos por los que el ejército británico perdiera en las invasiones
inglesas y que se exhiben hoy en la iglesia de Santo Domingo.
Actualmente la bandera de guerra permanece en el museo del
Regimiento y en la segunda semana de junio de cada año se realiza un desfile
homenaje a los soldados caídos en esa guerra. Para tan importante ocasión la
histórica bandera flamea al frente del desfile.
misionesonline
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